
Ha tenido que ser Guerín, el francotirador, quien me devolviera las ganas -todas, locas- de volver a escribir aquí. Ha tenido que ser Guerín quien me pusiera le feu aux poudres, que dicen los franceses. Honesta, viva, hermosa, antigua, emocionante, humana. Ya desde los títulos de crédito, se anuncia la experiencia inolvidable y gozosa. Está la distancia justa, sin falsos colegueos, sin asquerosos miramientos, sin condescendencias facilonas, sin recreaciones innecesarias. Guest celebra la vida, la diferencia, lo particular. Estéticamente maravillosa sin caer en el preciosismo, narrativamente fluida sin el uso de artificios superfluos, Guest pasa como la vida. De verdad.
Nota a pie de página:
La semana pasada, en la Filmoteca, en el ciclo de Documenta Madrid, por recomendación, homenaje a Vittorio de Seta. Un buen puñado de documentales sobre pescadores, Sicilia, campo, fiestas populares, Calabria, quesos, minas de azufre, Cerdeña. Años 50. Una gozada. Por el color, los sonidos, las imágenes, las historias sin palabras. Todo muy de verdad. Otra vez.