lunes, 4 de febrero de 2013

UNA MULA Y UNA MUJER

Te escribo, te canto, te dirijo, te hago un punto de cruz o un mobbing. ¿Soy o no una artista multidisciplinar?


Hace ya un rato largo que leer la prensa es una cosa absolutamente delirante, una sucesión de gags, un cúmulo de despropósitos, un chorizo de invenciones locas... A veces tengo que mirar la barra del navegador para cerciorarme de que no he saltado sin querer a El Mundo Today o derivados. Pero, de todas las cosas que he leído últimamente con asombro y perplejidad, la más delirante es la historia de Amy Martin. Ya sabréis todos de qué va. Fundación Ideas paga 3.000 euros por artículos a una tal Amy Martin, cuya identidad es anónima y desconocida. Una vez saltadas las alarmas -ni aunque resucitara Cervantes le pagarían eso por una columna- el director de la Fundación, Carlos Mulas, pone cara de bobo y dice que ahí no hay irregularidad, y lo niega todo -un clásico-. Al dia siguiente, su mujer, una tal Irene Zoé Alameda confiesa ser la misteriosa Amy, haber engañado a su mismísimo marido y haber utilizado ese seudónimo para preparar un personaje para su próxima novela -Zoé Amy es escritora, por lo que se ve-. Pide perdón a todos por los daños causados. Y ambos se retiran a sus aposentos. Mientras, Caldera -vicepresidente de la Fundación- dice que él no piensa dimitir, que no sabía nada (otro clásico incomprensible: si no sabes qué cojones pasa en la Fundación que presides, igual es que no pasas por ahí ni una vez al mes y entonces no mereces que te paguen ni un puto duro) y destituye a Mulas. Y ahí, que yo sepa, se queda la historia. Como siempre y tras ocupar no pocas páginas en la prensa, la historia de Mulas y Zoé se desvanece, no sin antes habernos enterado de algunos suculentos datos: él hizo su tesis sobre la corrupción, ella sobre la novela neopicaresca; a los diez meses de dirigir el Instituto Cervantes en Estocolmo, Zoé fue destituida por no dar la talla -maltrataba a sus empleados impidiéndoles hablar se rumorea-...

Con este post, quiero reivindicar esta historia y estos caracteres dignos de alguna novela romanesca o de la Ilustración.

* Recuperar la tradición de usar seudónimo es algo que, claramente, merece subvención, cosa que esta muchacha bien sabía. La creación de un alias literario y su consiguiente personaje es una auténtica proeza, mucho más en esta era del facebook, el twitter, y el mira-mira-mírame tan llena de exhibicionistas y egomaníacos que no quieren ocultar su identidad bajo ningún concepto.
* Zoé, como los grandes artistas renacentistas, es una creadora multidisciplinar. Cineasta, cortometrajista, ensayista, música (tenía un grupo 'retrofuturista'), novelista... Zoé sabía -once again- que merecía subvención. El Ministerio de Cultura, también. Así sus cortos recibieron cantidades astronómicas para tratarse de cortos de corte amistocasero. Una maravilla.
* Cual enamorada y clásica pareja de forajidos, Mulas y Zoé, Butch Cassidy y Sundance Kid, urden una coartada descacharrante e insensata para salvarse la otra al uno. Hermosa historia en la que comparten amor y sablazos a instituciones varias. Una versión remozada, digital e ibérica de Bonnie and Clyde.

Por todo esto, considero que es de justicia, que en el SOBRE del ganador del próximo premio PLANETA se lea: Amy Martin por la novela Una mula en Suiza. O mejor que alguien haga una película con este guión, es demasiado grande para no inmortalizarlo.

LOS LADRONES SOMOS GENTES HONRADA

Ay, ¿quién maneja mi carro, quién? Que a la deriva me lleva, ¿quién?

Encaro mi sexta mudanza en catorce años. He tenido que pararme un rato para ver cuántas habían sido y me ha parecido una aberración de culoinquietismo. Para mi tranquilidad debo decir que casi todas se produjeron en los siete primeros años de abandonar la madriguera. Como siempre que afronto uno de estos cambios me sobrevienen dudas gigantescas. Primero, de orden memorístico (ostras, no me he fijado si había toallero, y horno no lo tengo claro, y joder, ¿cuántos radiadores había en el salón?). Estas dudas son perfectamente comprensibles: la loca carrera del alquiler es así, tienes el mismo tiempo para decidirte en dar la señal que para elegir entre los chicles Splash o los normales en la cola del super. Luego, viene las dudas de orden más existencial: ¿no será muy ruidoso?, ¿por qué se iría el anterior inquilino?, ¿esa taberna no estará demasiado cerca?, ¿ese salón podrá con todas mis cosas? Todo lo cual no hace sino reforzar mi velada certeza de que soy un neurótico control freak(er). Tanto, que esta mañana mientras leía el maravilloso post de mi amigo el Milodón (intentando dejar de pensar en el número de estanterías que cabrían en mi nuevo salón) se me ha ocurrido que, en realidad, lo de atribuirle significado al azar es por puro controlfrikismo, más que por autoengaño (hagan una pausa aquí para leer el milodoniano post y entenderán de qué hablo). Esta ocurrencia, me temo, no me ha venido así en plan revelación, entre sorbos de café y galletas María.

Mapa, una película-peliculón de León Simimiani.

Me ha venido tras ver Mapa, la peli de León Siminiani que acaban de estrenar y que yo que vosotros iría a ver (es una de las cosas más potentes y prodigiosas que he visto en tiempos). No voy a hablar aquí de Mapa porque es una peli que hay que descubrir, y sobre todo, porque lo que mola es hablar de ella después. Pero a lo que iba es que Mapa me hizo pensar en el neurótico que todos llevamos dentro (y me hizo entender, ya puestos, el porqué del éxito global de Woody Allen). Ese intraneurótico es el que intenta controlar lo incontrolable, el que no admite imprevistos y el que no gusta, ni gasta malabares y equilibrios. Y estaba yo pensando esto, mientras miraba por la ventanilla de un tren de cercanías que atravesaba el Pardo, cuando me he dicho 'no, todos no, esos que dicen gobernarnos -robarnos, digamos nosotros-, esos no pueden ser neuróticos'. Porque me imagino yo a un neurótico digamos civil, normal, del pueblo, -que no popular- metido en semejantes fregados, y veo un amasijo de nervios descomunal, una madeja de tics andantes, una sospecha en 3d, un paranoico de las sombras... Que si me habrá reconocido la prostituta rusa, que si sería suficiente el sobre de Pepito, que si lo de los 3.000 euros por columna va a ser un cantazo... Vamos que el neurótico de la calle, antes de fundirse los fajos en Chanel, cocaína y Don Perignon habría sido víctima de un monárquico ictus. Así que la explicación había de ser otra. Mecido por el traquetreo del tren, de pronto se me apareció la solución a tan insigne problema. No es que los políticos sean seres superiores capaces de controlar su yo paranoico. No. Ni siquiera es que tengan menos moral que la mayoría. No. Es que su ladrón se comió a su neurótico. Me explico. Igual que creo que todos llevamos un neurótico dentro, también creo que todo llevamos un ladrón dentro. Que si fotocopias a tutiplén en la fotocopiadora de la empresa, que si mira qué rotus tan chulos pues voy y me llevo quince, que si uy y para qué querrán tanto papel higiénico en la oficina, que si mi amigo es un zoquete pero ese despacho le sentaría genial, que si anda que están robando a ese de ahí pues casi mejor él que yo... Así que, abstrayéndome de cuestiones morales (empiezo a creer que la ética murió y permanece sólo en grupitos aislados y dispersos, por mucho que me tope con miembros de esa resistencia con cierta frecuencia), creo que en todo fulano habitan un neurótico y un ladrón. En la mayoría de los casos el neurótico tiene amordazado y maniatado al ladrón, impidiéndole cualquier movimiento y sobre todo que parlotee. En el caso de los políticos -me resisto a llamarles 'nuestros políticos' porque de míos, salvo la pasta, poco- el ladrón se comió al neurótico y no dejó ni los huesos. Así que, tras cuarenta minutos en el cercanías viendo cervatillos, llego a mi destino feliz de ser un puto paranoico.


lunes, 28 de enero de 2013

VUELVE EL HOMBRE

El otro día solté así un poco a lo loco que Justin Timberlake era el nuevo Michael Jackson y casi me arrancan mi tapiresca piel a tiras por semejante afirmación. Como la polémica me gusta sólo a veces (han de darse dos condiciones claras e inseparables para que entre al trapo: que el tema de batalla me importe realmente y que con quien tenga que lidiarlo, también me importe mucho; si sólo se da una de las dos cosas, por mí somo si se cagan en Darwin), pues eso, que como soy un melindres para esto de las filosofías de bar-atillo, preferí retirarme a mis aposentos y guardar un prudente silencio. Pero, como también soy un animal de mucho rumiar y darle al magín, seguí dándole vueltas a esta teoría mía que, en ningún caso, me resultaba descabellada (teoría, por cierto, bastante refrendada si se hace una rápida búsqueda en Google de ambas personas; hay incluso un fotomontaje con la cara cortada de ambos divos). Casualmente, dos días después de este abortado debate, leí en algún lugar una nota de prensa con la fecha ya definitiva del lanzamiento del nuevo disco de Justin (demos gracias). En la foto que acompañaba la susodicha nota y promocionaba el nuevo clip, Justin lucía -luce, la fotaca sigue intacta- pantalón tobillero negro, calcetines blancos y mocasines negros (Tom Ford, mediante). Mira tú qué casualidad. Me recuerda a alguien, no sé, cosas mías... Así que ahí van mis parecidos razonables para afirmar, contra viento y marea, que: a. el regreso de Justin es el regreso del año (por delante, con todos mis respetos, del Duque Blanco); b. Justin es el heredero 'natural' de Michael Jackson; c. es un 'artista total' (a la manera del rey del pop).

¡Bravo, tapir! Sabía yo que tú te darías cuenta...

 1. Justin también fue repelente estrella infantil. Allí estaba él en el seguramente horrible programa The Mickey Mouse Club, junto a otros miniengendrines como Britney Spears, la Aguilera o Ryan Gosling. Está claro que el ratón tenía olfato...



2. Justin le da cosa mala al bailoteo. Y se sale. No en vano empezó en esto siendo un integrante de una boy band ('NSync) que se marcaban más dancings que escalas.



3. Justin sabe, como lo supo Michael Jackson, que lo importante está en la mezcla, o sea que sin un superproductor no eres nada. Quincy para Jacko, Timbo para Timber.

4. Justin, como Michael, no se 'conforma' con ser una de las mejores mentes musicales del panorama (que nadie piense que Justin es sólo Justin, se esconde y hace cameos cada dos por tres; estos siete años de silencio han sido de un mutismo relativo), además es empresario y actor (podría dedicarse a ello si le diera la gana, y encima lo hace entre no tan mal y muy bien según lo que le toque).



5. Y, para rematar mi despechado argumentario, sólo diré que cuando tuvieron que cancelarse los conciertos de Londres por la repentina muerte de Michael, Justin fue considerado como el posible perfecto sustituto. Por algo sería (y no creo que sólo por su capacidad para el falsete).

* Pero eso es lo de menos, lo de-más es que Justin, como Michael, tiene un talento apabullante -de esos que sólo tienen algunos elegidos que consiguen hacer fácil lo imposible-, sabe sacarle todo el brillo a lo negro, te obliga a bailar y que parezca que sabes hacerlo, alumbra canciones que se quedan y que se escuchan en loop del subidón que dan, consigue ponerte por las nubes y hacerte sentir el rey -sino del pop, de cualquier otra cosa-, y sobre todo es siempre elegante -mucho-, fino -finissimo- y preciso -milimétrico, diríase-.

Hay a quien no le ha entusiasmado el single de adelanto de su nuevo disco. Yo ya me lo sé de memoria...




Un buen y listo amigo mío me escribe así sobre esta polémica: "No sólo estoy de acuerdo, sino que estoy muy de acuerdo. Es más, me parece que Justin es ahora lo que Michael no quiso ser y podría haber sido. Vamos, que se negaba a ser producido por Timbaland, Neptunes, etc. por cabezonería, algo que yo creo que podría haber sido mítico, porque las últimas cosas del tipo eran una full y esta gente le podría haber dado un barniz moderno la mar de chulo".

domingo, 13 de enero de 2013

SOBRE RUEDAS


(ATENCIÓN: SPOILERS VARIOS)
Esta tarde, de manera completamente fortuita, me he hecho una doble sesión paralítica. De óxido y hueso de Jacques Audiard y La vida sigue igual de Eugenio Martin. Peliculas que narran ambas la historia de dos accidentados que acaban en silla de ruedas (la una peor que el otro, pero bueno); sus superaciones personales; sus amoríos y sus éxitos y fracasos y tal y cual. Pues bien, tras este azaroso experimento, estoy en disposición de afirmar que Audiard se ha inspirado en Martín para su filme, vulnerando y mancillando el original -y su espíritu- en una versión bastante desmejorada que mucho tiene que envidiar a su antecesora. ¿Qué digo, inspirado? ¡Es la misma película! Los paralelismos son asombrosos, las coincidencias pasmosas. Para demostrar semejante dislate, enumeraré semejanzas y diferencias antes de que mi cerebro tapiresco borre de sus circuitos toda información tetraplejiquilla.

1. Apartado pelo: Charo López-1, Marion Cotillard-0. El pelazo de la primera no juega en la misma liga que el pelo ralo y ratil de la francesa.
2. Trios a tuttiplen: mientras Yulio resuelve sus líos de faldas de forma desenfadada y gigolil, el de la otra las lía pardas y hace unas gañanadas de fliparlo, provocando muchos conflictos y dolores. Pasan cosas en discotecas en ambos filmes, aunque en la setentera bailan más y con más gracejo y sepsismo.
3. Sobredosis de drama: los personajes que aparecen en la peli de Audiard están todos al borde; en la de Martín sólo algunos -e incluso así llevan Lacoste-, pero hasta los que son huérfanos y tienen un pasado tremendívoro, lo cuentan como si tal cosa y se lo ventilan en una frase del guión. La vida sigue igual es un drama ligero; De óxido y hueso es un torbellino de drama, una acumulación de calamidades, un agujero negro de infortunios, un no parar de tristezas, un venga toma una y espera que te doy otra y mira que me he dejado esta por el camino y ahora voy y mato también a la abuela que resulta que la muy puta era nazi.
4. Inquietudes culturales: Yulio lee a Pedro Salinas mientras se recupera, Marion se revuelca en el suelo, no lee.
5. La Manga del Mar Menor es nuestra Cannes.
6. Vestuarios: todos repiten muchos looks todo el rato, lo cual es muy bien. A Marion se le ven las tetas, en la otra sólo se ven muslos; pero los secundarios de la española son todos muy guapos y van muy aseados, en la otra no. (La búsqueda de la veracidad se comió la higiene).
7. Infancia: en la de Audiard, maltrato infantil; en la de Yulio, mucho amor por los infantes, sobre todo si están pochers (por cierto, el niño llamado Chimo, es Chimo Bayo en su más tierna y desvalida infancia, ahí lo dejo, pero estad atentos).
8. Humor: Pajares-1, franceses-0. Pajares haciendo de amiguete gracioso de Yulio tiene alguna secuencia bastante mítica; en la peli de Audiard no hay ni un rescoldo atomil para la chanza y el chascarrillo.
9. En un caso la gente se prepara para ver una gran peli del gran Audiard, en el otro se disponen a ver una chorrada del cantamañanas ese. El gusto que dejan ambas experiencias cinematográficas es dispar: metálico como el sopor oxidado, el uno; liviano como una mousse, el otro.
10. A Yulio le ayudan la guitarra y una rubia en bici, a Marion le vienen en danza los peces y un empotreitor en moto. Al final, el empotreitor gana un título dando hostias, y Yulio gana un premio canturreando su más célebre tonadilla.

martes, 14 de agosto de 2012

HASTA EL INFINITO... ¡y más allá!


Los años bisiestos arrastran una pésima fama... Son temidos cual plaga. En años bisiestos se hundió el Titanic, se asesinó a Martin Luther King, a Lennon y a Gandhi, empezó el horror de Auschwitz, estalló la Guerra Civil y se inició el conflicto entre Irán e Irak, se inauguró el Facebook... Annus horribilis... Pero también, también, los años bisiestos son los años de los Juegos Olímpicos. Sólo por eso, quedan más que redimidos.

Nunca he entendido a quienes no enloquecen con los JJ.OO.
Yo no sólo me vuelvo del revés, sino que, cuando acaban, tengo una profunda depresión postolímpica. Mis tardes se llenan de nada. Con lo gustoso que era enchufar el televisor y que hubiera gente haciendo cosas, lo que fuera... Ahora ya no puedo planificarme los días en torno a un calendario pulcramente cronometrado, ni sorprenderme viendo deportes absurdos (este año, he quedado fascinado con la visión de una prueba ciclista llamada sprint, en la que dos tipos están como cortejándose, me acerco, te olisqueo el culo, me separo, voy, que no, que sí, que me arranco, que te lo has creído... Una cosa loquísima total y verdaderamente freak), ni quedarme horas bicheando en Google buscando estadísticas y datos que mi cerebro olvidará según los lea, pero que me provocarán el futil placer instantáneo derivado de cualquier saber inútil.

Este año, he experimentado momentos de mucho gozo de la mano de cuatro nombres propios:

Lo prometido es deduda: las medallas, para mis perrillos.
1. Andy Murray: esta persona me agrada muchísimo. Me gusta mucho como juega, es pelirrojo y escocés. Suficiente. Además se llevó la medalla ganando a Federer que es una persona que me aburre mucho.

¡Hasta la vista, chavalada!
2. Michael Phelps: por ser el nadador de nadadores y aún así, retirarse diciendo simplemente que quiere tener una vida y que estar tantas horas al día en la piscina es un coñazo. Bien por él.

Yo no corro, enriquezco.
3. Usain Bolt: ya he hablado dos o tres veces. Es simplemente una de las cosas mejores que se pueden hacer en la vida: ver correr a este tipo. Mandó callar a todos. Otra vez.

¿Y si somos los mejores, bueno y qué?
4. Dream Team: estos muchachos han sido, para mí, lo mejor de los JJ.OO. Juegan como putos ángeles, se lo pasan en grande, son divertidos fuera y dentro de la cancha (al loro con los Twitters de algunos de estos galansotes) y, por mucho que algunos digan, han hecho prueba de una educación y una deportividad a prueba de bomba. Absoluto fan de estos señores...

sábado, 28 de julio de 2012

CON USTEDES, THE MAMARRIAN

Educativa ilustración sacada del blog http://hipsterhitler.com/


El otro día viendo este reflejo del mundo moderno, me di cuenta de que nunca le había dedicado una entrada a uno de mis temas preferidos de los últimos años: los mamarrians. Procederé a un breve y somero análisis del fenómeno mamarrian que tantas alegrías me ha deparado en los últimos años.

Definición: 
No busquen en Google la voz 'mamarrian'. Les remitirá a 'glándula mamaria' ¿? Mamarrian es un término inexistente y, sin embargo, ya popularizado que designa lo que allende nuestras fronteras se denomina hipsters. Por mamarrian nos referimos únicamente al género masculino (para las hipsters femeninas seguimos preferiendo el castizo y entendible 'modernas' de toda la vida).

Pronunciación:
Como con este post pretendemos la asimilación popular del término y su uso indiscriminado frente al anglicismo hipster, nos gustaría que la pronunciación de dicho término fuera uniforme y universal. Mamarrian no se pronuncia con acento en la última a (lo que sería mamarrián) sino con acento en la segunda a (mamárrian). Si bien la primera pronunciación es más chispeante, la segunda es más gráfica.

Usos y costumbres:
1. En lo tocante a la indumentaria, los mamarrians son fácilmente identificables. Suelen llevar todo tipo de adornos en la cara (gafas grandes -las de pasta empiezan a caer en desuso, aunque resisten la embestida de las monturas metálicas, ahora a la última; bigote o barba son ABSOLUTAMNETE IMPRESCINDIBLES; los gorritos, sombreros y tocados de todos tipo también dan fuste al mamarrian; ornamentos que cubren un corte de pelo sigilosamante estudiado: tupé perfectamente izado, impoluta raya a un lado, revoltijo graciosamente estudiado). En el cuello el uso de fulares es casi indispensable en toda época del año (incluso con un calor sofocante, llevar algo al cuello combina fetén con la camiseta de tirantes). La prenda que cubre el torso siempre ha de ser escasa: en verano, tirantes mayúsculos y sobaquina al aire se hacen indispensables; en invierno, todo tipo de cazadoras, rebequitas y chaquetas raquíticas son el dress code -siendo mamarrian, se pasa frío, conveniente es saberlo-); y mucha camisa. Los pantalones SIEMPRE han de ser estrechos y siempre muy pegadicos, casi ahogando, el tobillo; el largo ha de ser siempre corto: el hueso del tobillico ha de vislumbrarse perfectamente en toda estación y clima. La bermuda es otra de las prendas fetiches de estas personas: justo por encima de la rodilla y estrechitos; el uso del short pequeñito y ajustado también está muy bien valorado. El calzado es otro de los puntos fuertes del mamarrian: amante del zapato de cordones, los llevará siempre sin calcetines (incluso con temperaturas gélidas); las alpargatas, las zapatillas camping, las Victoria, las chanclas y el calzado deportivo finico también serán bienvenidos; en invierno, algunos osados propusieron botas de agua Hunter por fuera...). Suelen llevar bolsos, bolsas o recipientes textiles en los que meter decenas de cosas.
2. El mamarrian se desplaza, en caso de no hacerlo a pie, en fixie. Para el que no sepa lo que es una fixie, aquí va la explicación de la wiki: (La bicicleta de piñón fijo o fixed es una bicicleta por lo general monomarcha que no tiene piñón libre, lo que significa que no tiene punto muerto — los pedales están siempre en movimiento cuando la bicicleta esté en marcha, y esto significa que no puedes dejar de pedalear mientras la rueda trasera gire, la rueda trasera, cadena y pedales girarán siempre juntos. Por este motivo, se puede frenar haciendo una fuerza inversa al sentido de la marcha y también andar marcha atrás. Una bicicleta de piñón fijo no tiene cambio de marchas o, mejor dicho, sólo tiene una. La bicicleta de pista es un tipo de bicicleta de piñón fijo utilizados para ciclismo en pista en un velódromo. Pero a pesar de que una bicicleta de «piñón fijo» es sólo una bicicleta sin piñón libre, una bicicleta de piñón fijo puede ser cualquier tipo de bicicleta. Las bicicletas con piñón fijo son montadas por ciclistas perspicaces con especial atención al corredor ciclista, club ciclista, ciclista urbano y mensajeros en bicicleta por muchas razones, en particular, por su ligereza, sencillez, bajo mantenimiento, y/o imagen. Además los mensajeros en bici prefieren usar piñón fijo porque son ligeras y pueden alcanzar mucha velocidad en muy pocos metros). Como podréis comprobar se trata de una bicicleta no demasiado apta para la conducción en una ciudad como Madrid y un tanto peligrosa para gente que no sea un as del ciclismo; circunstancias que no han impedido su proliferación en nuestra capital (desde donde escribo este simpático artículo).
3. Suelen concentrarse en 'puntos calientes' de la ciudad. En Madrid, por ejemplo, los mamarrians habitan en el entorno malasañero. Es cruzar la Gran Vía y empieza el desfile de mamarrians. Hay cierto bares que se han convertido en lugar de reunión ineludible para ver y dejarse ver.
4. La bebida oficial del mamarrian es el gin tonic. Beben muchos. Si observamos el mapa baretil de, insisto, Madrid, veremos que ha habido una brutal proliferación de establecimientos con cartas exclusivamente dedicadas a esta espirituosa bebida. Decenas de marcas de ginebra y otras tantas de tónica. Como los enólogos catan los vinos, los mamarrians degustan los gin tonics.
5. Un mamarrian ES delgado; pero, más importante, NUNCA estará petado.

Comportamiento social:
Un mamarrian nunca va solo y no suele acompañarse de otros que no lo sean.

Origen histórico:
Los padres no eran los Reyes Magos, los padres eran los hipsters. La prueba aquí.

Orientación sexual:
Confusa. Uno nunca puede estar seguro de la tendencia sexual de un mamarrian.

Ideología política:
Confusa.  Puede que inexistente.

Lema:
Lo antiguo es moderno.
(El armario del abuelo es muy apreciado entre los mamarrians).

Himno:



martes, 17 de julio de 2012

FALSOS MITOS (de ayer y hoy)


Al chaval de la izquierda parece estar dándole, efectivamente, un corte de digestión. 'Mamá, me pasé con los macarrones con tomate'.


Capítulo 1:
La infancia

1. Corte de digestión:
El célebre mandato de no bañarse hasta transcurrida una hora y media (o dos en los casos más enloquecidos) ha destrozado muchas tardes infantiles en playas y piscinas. Se supone que si estabas haciendo la digestión y te metías en el agua sin esperar el tiempo de guardia establecido, te morías. Te ponías morado, vomitabas, te hundías y adiós, chiquillo. No conozco una sola persona a la que le haya pasado. Imagino que si, nada más ingerir una paellota, te cruzas a nado el Canal de la Mancha, pues igual te da un parrús; pero lo mismo que si te subes el Tourmalet o te pones a hacer cualquier barbaridad de secano. Aún así, sigo practicando tan dudoso consejo y honrando el tiempo de digestión con una siestecica antes de zambullirme en el agua.

2. Nunca ingerir zumo o fruta después de la leche:
Otra buena. El orden de los factores sí alteraba el producto y mucho. ¿Después del Cola Cao, un zumito de naranja? Vómito garantizado y malestar programado. La leche se CORTABA. Palabra de madre. Se ve que había una obsesión generalizada por la digestión y su posible interrupción. Y yo me pregunto ¿acaso el estómago tiene compartimentos estanco? ¿no se mezcla todo ahí y simplemente CAE? ¿qué sucede con los batidos y esos refrescos modernos y energetizantes hechos a base de leche Y zumo? No he visto a nadie morirse por tomar un zumo tras un café, como mucho hacer muñecos de barro... Aún así,  y no sé si por costumbre o por temor reverencial, sigo respetando el meticuloso y absurdo orden desayunil.

3. Teñir el bigote:
Esta era una cosa que se le decía a las niñas. 'No te quites el bigote que te va a salir más'. Así que ahí andaban todas las púberes dándole a la andina convencidas de que esa pelusa rubia no sólo apenas si se vería; sino que, en ningún caso, les haría parecer remedos liliputienses de algún militar alemán. Pobres muchachas engañadas que tuvieron que terminar por rendirse a la evidencia -aka cera- habiendo sufrido un lustro o más de motes infames, burlas varias e inseguridades sobre sus muchos atractivos. No lo practico y nunca lo he practicado: los tapires llevamos a gala nuestros bigotes como cerdas.

4. Caramelos en la puerta del colegio:
'Nunca cojas nada que un desconocido te ofrezca'. A mí NUNCA me han ofrecido en TODA mi infancia algo GRATIS (bueno, mentira, una vez un heladero me regaló un cucurucho de helado VACÍO). El falso mito del hombre que regalaba cosas peligrosas y adictivas a la puerta o inmediaciones de los centros escolares es uno de l urbanasas leyendas más delirantes, injustificadas, y sin embargo, arraigadas de nuestra infancia. Me pregunto de dónde vendrá la idea. Nunca seguí dicha enseñanza, ya digo que no tuve oportunidad.

5. Piojos amantes del pelo largo:
Que los piojos se pirren por los pelos limpios puede ser cierto (aunque tampoco me parezca una solución llevar el pelo sucio para evitar el ataque de estas alimañas: te ahorrarás piojos, pero a cambio tendrás pocos amigos y una sucursal de aceite Carbonell por testa); pero que los piojos vayan en masa a las melenas es una cosa del todo improbable. Yo, que en mi niñez tapiresca, lucía melenón, no fui especialmente propensa al piojamen; y convivía, sin embargo, con infantes que llevaban cabezas casi rasuradas plagadicas de piojicos picorosos.


Nota a pie de página:

Esta sección ha sido 'inspirada' por un amigo de siglas A.L. (le mantengo en el anonimato, que él es persona discreta). Desde aquí, mi gratuito agradecimiento.
Habrá próximas entregas. La siguiente: el trabajo.