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sábado, 29 de mayo de 2010

CRISIS


i.
Hubo un tiempo en el que cada vez que escuchaba la palabra CRISIS, mi cabeza completaba musicalmente la cosa con: "Sabes que cuando oigo la lluvia golpeándome en el cráneo entro en CRISIS. Me da el siroco, se me va la cabeza y entro en CRISIS. CRISIS, CRISIS, CRISIS". Un tiempo en el que las CRISIS eran un fenómeno así como más individual, una desazón que se propagaba a escala menos global. Lo mejor era el final: "Es muy divertido estar en CRISIS".

ii.
Como estoy atravesando una CRISIS severa (de lecturas -que nadie se alarme-: no encuentro nada que me satisfaga, empiezo y no acabo, y acumulo volúmenes tristemente olvidados a la mitad, a la cuarta parte, o en el peor de los casos, a los dos tercios), me vino la canción de los Surfin' Bichos a la memoria. Saqué los vinilos (el EP Gente abollada, Hermanos carnales, Fotógrafo del cielo y el álbum de versiones Family Album). Ni rastro de CRISIS.

iii.
Entonces caí, con la inestimable ayuda del amiguito Spotify, en que la cancioncita de marras estaba en La luz en tus entrañas. Un disco que me sabía (y me sigo sabiendo, qué cosas) de pe a pa. Alguien me lo dejó (yo nunca lo encontré) y me lo grabé en una cinta de cromo que el tiempo se tragó. Retrocedí unos cuantos años y recordé una pintada en la zona residencial y bienpensante en la que yo vivía: ¡Vivan los Surfin' Bichos! A un tamaño considerable. En una impoluta y blanquísima caseta de luz.

iv.
Me entraron ganas de hacer un top ten de MIS hits surfianos. Y entré en CRISIS: fui incapaz. Sólo La luz en tus entrañas (la primera vomitona de estos tipos) tiene cinco o seis, que a mí se me hacen imprescindibles. Así las cosas, y por no empeorar la situación en la que me hallo ("no, no, no, nada, no, no, no, nada, nada, puede calmar, puede calmar mi sed"), he decidido no hacer ninguna lista de nada ("el mal está dentro de mí") y "ser mi perro, tan feliz, tan feliz, con tan poquitos deseos, tan feliz, tan feliz, y sin tener que trabajar, tan feliz, tan feliz".


Crisis es plural.

martes, 20 de enero de 2009

GANA LA BANCA


Volatilidad de los mercados, moneda fiduciaria, burbuja financiera, patrón oro... Expresiones tan poéticas como inasibles. Términos tan sonoros como ininteligibles. Porque ¿quién demonios entiende algo de la crisis en la que nos hallamos sumidos?, ¿quién consigue descifrar las páginas salmón de los periódicos?, ¿quién, en fin, es capaz de desencriptar el lenguaje económico para traducirlo al de la calle? Yo, desde luego, no. Por eso me sorprendió tanto el otro día Concursante, una película de Rodrigo Cortés de hace un par de años que explica, para tontos o así, cómo funciona el sistema crediticio y la maquinaria capitalista: fundamentándose en la fe ciega, más que en razones lógicas y palpables. Concursante pone al descubierto un sistema en el que se mueven cantidades ingentes de dinero que en realidad no existen, ni lo harán jamás: un absurdo que, en cierto modo, explica -y vaticina- la crisis actual. Y todo ello a un ritmo frenético, casi de thriller. Partiendo de una premisa bastante simple y casi estúpida (a un tipo le toca el mayor premio de la historia de la televisión: tres millones de euros en premios), Cortés factura una película antisistema que a ratos peca de simplona, y otros de efectista, pero que engancha y resulta y que, sobre todo, tiene el valor de la osadía. Un guión por momentos brillante (hay frases de las de apuntar), una puesta en escena que utiliza todos los recursos posibles que la historia pueda demandar (super 8, técnicas publicitarias, pantalla partida por la mitad, flashbacks, imágenes congeladas...), un tono que pasa de lo pedagógico, a lo irónico, pasando por el catastrofismo puro y duro o el maniqueísmo salvaje. Algo queda claro y es que todo es mentira.




Nota a pie de página:

Si alguna vez te has preguntado si se puede vivir sin dinero, el brillante corto 15 días (de Rodrigo Cortés, sesión doble) tiene la respuesta: el secreto está en las teletiendas.