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miércoles, 11 de febrero de 2009

EL HOMBRE MODERNO


Cuando Madeleine conoce a George, la primera noche, le espeta: "¿Dónde has estado todo este tiempo?". Él responde: "Pfafftown, North Carolina". La respuesta precisa a tan maravillosa pregunta está en la película 'Junebug'.
A veces sucede también con libros, con canciones y con películas, que uno se pregunta: "¿y dónde ha estado todo este tiempo?", o mejor, "¿y dónde estaba yo?". Cosas que son para ti. Claramente. Y que llevan esperándote toda la vida. Lo fantástico es que siga ocurriendo. Que los descubrimientos no cesen. Y las lagunas no terminen jamás de llenarse. Acaba de ocurrirme. Así que escribo aún con la sensación de adrenalina que todo feliz hallazgo (me) provoca. Irremediablemente.

¡Viva Dino Buzzati! ¡Viva una y cincunetaytantas veces! Las mismas que cuentos, y por tanto razones, tiene 'Le K' -creo que aquí editado como 'El colombre', Acantilado-. Buzzati se mueve como pez en el agua entre la ingenuidad, la moraleja -que no moralina-, la ironía, el pesimismo, la crueldad, la ternura, la sátira y lo kafkiano. Siempre con una lucidez extraordinaria. Todo rebosa una tristeza serena como de fábula oriental, de esas cortitas que se cierran con un 'esto es lo que hay'. Pero claro escritas por un italiano, lo que le confiere alguna dosis extra de mala leche. Mala leche, encantadora, eso sí. Buzzati es perfecto, en su forma y en su fondo. Incluso en los cuentos previsibles. Un reflejo sin drama y sin ira de la angustia del hombre moderno. Metafísica en pantuflas. La muerte, los celos, la vanidad, el consumismo, la vejez, la identidad, la ambición, el destino... La traca final (en la edición francesa, no sé en la de Acantilado): un delirante viaje a un supuesto infierno que se asemeja demasiado, ay, a nuestro mundo. Y me callo ya. Porque es a Buzzati al que hay que leer. No a mí.