Hay algunos especímenes en el planeta (entre los cuales me cuento) que gustan de recibir avisos de pisos y trabajos teniendo ya ellos los suyos propios y estando más o menos satisfechos en sus correspondientes niditos de amor/explotación. Las causas de este comportamiento no me interesan demasiado. Simplemente sucede. Y en esas que andaba yo mirando mis pisitos diarios, mis trabajitos cotidianos, cuando en una de las ofertas de empleo me encontré con esto: "Deberá ser capaz de generar empatía y asegurar la comunicación fluida
con el resto de los departamentos, flexible y con alta tolerancia a la
frustración". Por un momento pensé que era un anuncio de contactos que se había infiltrado entre los salchicheros anuncios de empleo: las exigencias de la oferta son más de pareja estable que de trabajo remunerado... Y deseé muchísimo conocer a la persona que había redactado este anuncio porque pedir a alguien alta tolerancia a la frustración es una gozada. Encierra tantas cosas en una frasecita mínima, así lanzada al azar. Primero supone que el candidato tiene a bien conocerse un poco (quiero decir que uno sabe -y, a veces, ni siquiera- si es egoísta, hijoputilla, paciente o valiente, pero eso son palabras mayores), pero hay toda una serie de cualidades piscológicas adheridas a esa exigencia que suponen un considerable ahorro de tiempo y espacio a la hora de definir el perfil del candidato. Pero mucho mejor aún, es una velada y ventajosísima declaración de intenciones: este trabajo es como el mito de Sísifo, frustración asegurada, ya te avisamos, chato, no se admiten quejas a posteriori. Genialidad absoluta.
Y si no fuera yo alguien de natural poco envidioso, dos libros que me acabo de leer me habrían producido honda frustración por aquello de contar cosas tan interesantes y tan bien.
Uno es Espejo de sombras de Felicidad Blanc (en el que por cierto he descubierto entre la vida de esta señora y la mía propia espeluznantes puntos de concomitancia). Felicidad era la madre de los Panero y este libro son sus memorias en las que cuenta cosas tremendas con una serenidad y una parsimonia pasmantes. Cuando lo estás leyendo te pasa que quieres escribir como ella y lo intentas, pero no te sale claro, porque aunque parece fácil, no lo es. Hay una frase en la que dice: 'Una tarde me coge de la mano: "¿Sabes? Desde que te he conocido tengo una sensación rara. No te veo joven, te veo con arrugas, ya vieja, paseando por las murallas de Astorga, terminada ya la vida" No ha podido decir nada mejor. Me he enamorado de él'. Nótense las dos últimas frases. No ha podido decir nada mejor. Me he enamorado de él. Siguiente asunto. Bum.
El otro es Las ganas de Santiago Lorenzo, que es un libro que yo, tapir obtuso, que no leo ficción, y menos actual, desde hace una década, he tenido que leer dos veces seguidas de lo que me hinchado a reír, entre otras muchas cosas que te suceden cuando andas inmerso en esta lectura. No voy a contar aquí nada de la historia porque tiene su chicha y a más sopresa, más goce; pero sí diré que está escrito que es una cosa de un placer extremo. Tú vas y lo lees así como con prisas y con nervios (porque pasan cosas en la vida de Benito, el prota, que te interesan mucho y que quieres saber todo el rato, un poco como si de pronto te estuvieran contando la vida de tu vecino al que has visto mil veces pero del que no sabes absolutamente nada de su sarta de aventuras desastrosas y lamentochistosas), pero al mismo tiempo, tú que no eres tonto, percibes lo maravillosamente bien de dios que está escrito y te paras a ratos y te dices 'copón', pero sigues porque verdaderamente no hay fuerza en el mundo que te haga parar. Y entonces, cuando lo acabas te das la segunda ronda, la del paseíllo, la del voy y me fijo en toda la desfilada de palabras que salen. Es otro libro que también te dan ganas de escribir igual, pero que tampoco te sale. Claro.
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
jueves, 19 de febrero de 2015
miércoles, 19 de noviembre de 2014
CASO ABIERTO
Las mejores cosas vienen de repente, sin que te las esperes (esto parece el arranque de alguno de los grimosos spots que nos aguardan estas Navidades). Esas cosas de las que no tenías constancia y cuya existencia desconocías; y, que, de pronto, por algún amigo listo y avezado, por alguna casualidad gloriosa o por méritos propios, se planta ante ti, y oh maravillas, resulta ser DESLUMBRANTE.
Para los que no tengáis prejuicios y seáis de naturaleza curiosa (dad gracias al altísimo, es el mayor don que os puede ser concedido), apuntad (y haced caso a los que tienen cerca si es que tienen criterio, a mí me han llevado a sitios inimaginables).
- INFRA-MAN. Esto cayó en mis ojos de manera casual. Estaba yo rebuscando en el catálogo de Filmin (cosa en la que desperdicio casi más tiempo que viendo películas) cuando divisé este ovni. Reconozco que aparte de la estética, el hecho de ser el origen más o menos claro de los Power Rangers y el bizarrismo asiático, me subyugó el comentario de uno de los que la habían visto: "Esta es la única
película que he visto 9 veces, bueno 10, con ésta. Como decía un amigo
mío en un cumpleaños que la proyectamos cuando era niño, "¡me gustó! ¡me
gustó! ponla de nuevo." El filme en cuestión es una freakada del año 75 de mucha serie B (el Superman chino, creo que se llamaba allá). Cómo están hechos los monstruos es una cosa de un gozor casi insoportable... Si no te ríes en algún momento, estás muerto.
- LA ONDA DE ELIA Y ELIZABETH. El mejor disco del año es de 1972. Sí, Munster Records ha tenido a bien rescatar estas 16 canciones de un dúo de hermanas colombianas (apellidadas Fleta, qué maravilla). Hablar de este disco me parece una cosa bastante irrelevante. Hay que escucharlo. Letras luminosas, melodías perfectas, soft pop, toques tropicales, aires pastoriles, psicodelia, salsa, melancolía, energía... Todo mezclado en un cóctel perfecto y de una cómoda e inocente belleza. Altamente recomendable para combatir el invierno y sus posibles efectos secundarios. Reconforta. Mira, escucha, compra aquí. Nunca le agradeceré suficiente al gran Charlie Mysterio el descubrimiento.
- GLORIA FUERTES. Entre todos los personajes que se cargaron en su momento los genios Martes y Trece está Gloria Fuertes. Imposible para toda una generación tomarse a esta mujer medio en serio. Y, desde aquí, os digo que lo intentéis con fe. Sin tener yo un morro muy fino para la poesía, os diría que la Fuertes es una cosa deslumbrante. Tiene esa cosa genial de los que tienen una conexión directa con los dedos (como Messi con las piernas). Economía de medios. No sobra nada, tampoco falta. Escribe lo exacto con lo exacto. La cosa fluye, sin problemas, sin pausas, sin tirones. Y dice. Mucho. Y sufría. Lo indecible. Intentadlo con Historia de Gloria que, contando sus cosas, Gloria te cuenta muchas tuyas.
- MOSCAS Y ARAÑAS. Diría que este programa de radio de Charlie Mysterio y Javi Bayo, en El Estado Mental, es un must si no me diera tanto asco la expresión. Pero lo es. Escuchar a estos dos es como abrir una enciclopedia no editada. Lo dicen mejor ellos: "Como moscas y arañas nos abalanzamos sobre material sonoro olvidado, arrinconado y en vías de putrefacción. Músicas improbables que vieron la luz para ser inmediatamente condenadas a vivir en la sombra. Rescatamos la cara B de la discografía oficial de nuestro país y de otros territorios de habla hispana, grabaciones inesperadas, encuentros musicales fortuitos y ejercicios de heterodoxia. Nos dirigimos a los jóvenes modernos que buscan recomendaciones infalibles y memorabilia musical más allá de los límites de Google para así poder chulear delante de sus colegas. Rompiendo los límites de las plataformas digitales, prometemos excedernos más allá de los 140 fonemas por programa pero sin llegar a restar protagonismo a nuestros vinilos y cassettes durante esta tertulia de amigos. No nos faltan el licor y el café".
- COWBOY HENK. Esto me vino de la mano de Ata, sí, el dibujante, ahora editor de Autsaider, donde edita cosas de otros de lo más molonas como este libraco que ya sólo por su edición es puro goce. No sé qué puedo decir de este cómic que no sea que es ACOJONANTE. Loco, bestia, bruto, descojonante, ridículo, absurdo, brillante, surrealista, crispante, cacaculopedopis, GENIAL. La historia de los regaladores de caballos es de las mejores que he leído en mi vida (tanto que os recomiendo que si sois de los que leéis en orden, la dejéis para lo último en plan gran orgasmo final). Joder, me lo voy a volver a leer. Otra vez. Ahora. Agur.
- MOSCAS Y ARAÑAS. Diría que este programa de radio de Charlie Mysterio y Javi Bayo, en El Estado Mental, es un must si no me diera tanto asco la expresión. Pero lo es. Escuchar a estos dos es como abrir una enciclopedia no editada. Lo dicen mejor ellos: "Como moscas y arañas nos abalanzamos sobre material sonoro olvidado, arrinconado y en vías de putrefacción. Músicas improbables que vieron la luz para ser inmediatamente condenadas a vivir en la sombra. Rescatamos la cara B de la discografía oficial de nuestro país y de otros territorios de habla hispana, grabaciones inesperadas, encuentros musicales fortuitos y ejercicios de heterodoxia. Nos dirigimos a los jóvenes modernos que buscan recomendaciones infalibles y memorabilia musical más allá de los límites de Google para así poder chulear delante de sus colegas. Rompiendo los límites de las plataformas digitales, prometemos excedernos más allá de los 140 fonemas por programa pero sin llegar a restar protagonismo a nuestros vinilos y cassettes durante esta tertulia de amigos. No nos faltan el licor y el café".
- COWBOY HENK. Esto me vino de la mano de Ata, sí, el dibujante, ahora editor de Autsaider, donde edita cosas de otros de lo más molonas como este libraco que ya sólo por su edición es puro goce. No sé qué puedo decir de este cómic que no sea que es ACOJONANTE. Loco, bestia, bruto, descojonante, ridículo, absurdo, brillante, surrealista, crispante, cacaculopedopis, GENIAL. La historia de los regaladores de caballos es de las mejores que he leído en mi vida (tanto que os recomiendo que si sois de los que leéis en orden, la dejéis para lo último en plan gran orgasmo final). Joder, me lo voy a volver a leer. Otra vez. Ahora. Agur.
Etiquetas:
Autsaider Comics,
cine,
Cowboy Henk,
gloria fuertes,
infra-man,
la onda de elia y elizabeth,
libros,
listas,
música,
radio
miércoles, 7 de septiembre de 2011
EL RESPLANDOR

El otro día en la piscina, un ex-entrenador de no sé qué me dijo que nadaba bastante bien y que tenía cuerpo de triatleta, 'los purasangres del atletismo' sentenció (que nadie piense en cruising, los tapires somos gente sin sexo, ni cerebro). Ante semejante presentación, ¿cómo no quedarse un rato charlando con esta buena persona mientras nuestros cuerpos se arrugaban bajo el agua? Pues ahí vino una diatriba comparativa de las piscinas de Madrid. Que si cuando inauguraron tal en el año cual, que si la otra es estupenda, que si a esta le faltan un par de calles... Todo esto me trajo a la memoria El nadador, esa excelsa película de Frank Perry protagonizada por Burt Lancaster, y basada en el brillante y homónimo relato de John Cheever. Y así me di cuenta de que jamás le había dedicado una entrada a uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos. Descubrí a Cheever no sé bien cómo. Hace mucho tiempo. Lo primero que me leí suyo fue este cuento, El nadador, en una versión fotocopiada. Cheever formaba parte, si no me equivoco, del fondo de catálogo de Bruguera. Y estaba descatalogado e irrescatado. Y ahí se me quedó Cheever. Unos años más tarde, encontré en algún Vips en una bonita edición Crónica de los Wapshot y El escándalo de los Wapshot. Recuerdo que del primero, me leí los primeros capítulos varias veces: no podía creer que un mismo tipo fuera capaz de escribir tan bien tantos estilos diferentes. Cada capítulo parecía un libro distinto de un escritor distinto en un género distinto. Y todos brutales. Luego un buen amigo me regaló en una vieja edición ¡Oh, esto parece el paraíso! que me dejó, de nuevo, con el culo apretado. Unos cuantos años después, emecé desempolvó a Cheever y se propuso reeditar toda su obra. Y ahí redescubrí un mundo absolutamente infinito, una prosa perfecta y una manera de hacer precisa como la de un cirujano. Desolación en estado puro. El fin del sueño americano. El horror silente de las clases acomodadas. Los vacíos. Los de todos. Las apariencias, ah. Todo con sabor a gin tonic y regusto metálico. Y esa manera de usar los adjetivos ('fabulosamente triste' es una de esas combinaciones que lleva una década grabada en mi cabeza). En Cheever no sobra nada. En el momento más inesperado te suelta un derechazo de esos que te dejan loco (veáse Adiós, hermano mío, ¡ese giro final, tan conciso, tan económico, tan parco!). Una vez me dijo Fresán que si la literatura norteamericana fuera un sistema planetario, Cheever sería el sol. Bullet Park, Falconer, La geometría del amor... Deslumbrado... Y, por supuesto sus Relatos. Aún me quedan algunos del segundo volumen y sus Diarios. Los atesoro como un viejo y experimentado yonqui, para cuando no tenga absolutamente nada que llevarme a la boca. De hecho, ahora mismo le voy a hincar el diente a un par de relatos. Espero no cegarme con tanto sol.
martes, 22 de marzo de 2011
RAYOS X

Tengo un amigo que critica mucho a los que leen en diagonal. Yo a veces practico esta nefasta costumbre. Cuando la cosa no me interesa mucho pero sí lo suficiente. Cuando es una lectura obligada. Cuando empiezo algo que resulta ser malo pero quiero saber qué pasa al final. Y leo de vicio en diagonal. Radiografías librescas. Tengo ya un cierto hábito, un dudoso callo que me hace aprehender la cosa con bastante realismo. Pierre Bayard escribió un libro defendiendo esta práctica como derecho fundamental del lector. Y ahí que me amparo yo. La semana pasada, en mis periplos aeroportiles de los que ya hablé, practiqué este tipo de lectura con dos libros:
- Cadáveres exquisitos: un libro de un tal Noguchi, forense de Hollywood durante muchos años, y que puede presumir de haber descuartizado a Natalie Wood, estrujado a una frígida Marilyn o hecho la prueba de alcoholemia definitiva a un hierático William Holden. Lo empecé con ganas. Capítulos cortos, cotilleo a saco, mitos muertos, escándalos amarillos... Muy bien. Perfecto para un avión que no llega. Me leí el de Marilyn enterito. Qué decepción. Qué poco difiere la cosa de la versión oficial. Qué pocos datos. Qué poca nada. Un poco hagiográfico todo. Seguí sin mucha gana con la de Natalie Wood que fue más de lo mismo. Me leí en transversal la de Robert F. Kennedy. Y ya ahí me dediqué a pasar páginas sin leer. Hasta que llegué a William Holden. Esa sí. Entera. Por el desconocimiento absoluto de las circunstancias en las que había muerto esta persona. Desangrado de un brechazo en la cabeza provocado por una caída del pedo que llevaba. Me dio entre pena y ternura. Siempre me cayó bien Holden.
- Ennemis publics: una correspondencia entre, agarraos, Henri Lévy y Houellebecq... Lo vi en la librería del aeropuerto y me llamó poderosamente la atención. Ahí en el mismo volumen dos tipos que, por diferentes motivos y en algún momento de mi vida, me han interesado para, por otras razones y en otros instantes, acabar detestando. El planteamiento es un intercambio epistolar entre estas dos vaquitas sagradas del país vecino. Al principio, se supone que el rollo va de somos enemigos, nos odiamos y nos despreciamos, "todo, dice Houellebecq, nos separa, con la excepción de un punto fundamental: somos tanto el uno como el otro, individuos bastante despreciables". Uy, qué bien pinta esto. Una pelea de gallos en toda regla. Dos narcisos con la vena hinchada. Dos egomaníacos buscándose las cosquillas... Bueno, pues va a ser que no. La cosa es puro onanismo, puro ombliguismo. Un rollaquer de dos mamarrians. Soporífero. Muy denso y por momentos interesante (y sí, lo admito sin ambages: ¡qué jodidamente bien escribe Houellebecq!), pero reconozco que mi nivel intelectual no da para seguir digresiones de veinte páginas sobre Comte o sobre la cuestión judía. No lo leí en diagonal. Lo salté en oblicuo. Y qué gusto, oiga.
Nota a pie de página:
La radiografía es de Marylin Monroe.
miércoles, 16 de marzo de 2011
PARECIDOS RAZONABLES (III)


Pensaréis, con criterio, ¿qué coño?... a este bicho se le ha ido completamente la olla...
Y no os faltará razón. Porque ¿qué demonios pueden tener en común la peli/mockumentary -o lo que sea- de Casey Affleck sobre la supuesta decadencia y bajada a los infiernos de Joaquin Phoenix con el libro de Miguel Noguera? ¿Dónde está el puto parecido? Pues así, de primeras, a simple vista y a bote pronto mental: NADA.
Voy a demostrar, sin embargo, que para el confuso y perjudicado cerebro de un tapir centenario como yo, sí hay paralelismos. ¿Cuáles? preguntaréis suspicaces e inquisitivos. EL PENSAMIENTO CHUNGO. Gritaré. EL PENSAMIENTO CHUNGUÉRRIMO. Me desgañitaré. (Me refiero a que ese es el nexo, no a que vuestro pensamiento sea chungo). Tanto I'm still here como Ultraviolencia son dosis de pensamiento chungo, espirales de ideas nocivas, expositores de razonamientos perturbardos. Vomitonas. Con su urgencia, con sus tropezones. Y, sin embargo, sin embargo, altamente placenteros, gozosamente disfrutables, extrañamente divertidos. Una especie de guilty pleasure aberrante. En I'm still here veréis vomitar a Joaquin, observaréis con asombro como se mete rayas antes de que una puta se la fele (kuti) y presenciaréis con un bochorno hilarante sus shows como supuesto rapero. En Ultraviolencia fliparéis con algunas de las ideas de Noguera, os reiréis de sus paranoias, potaréis con algunas de sus descripciones.
Ahí está la cosa. Os causarán un sinfín de sensaciones: risa, asco, fascinación, hilaridad, tristeza, alegría, dolor, daño, asombro, admiración, aplausos, culpa, locura, placer, pena, desarraigo, bochorno, rebelión, revelación, terror, guasa, vergüenza, adicción, incomodidad, reconocimiento, desconfort, libertad, confusión. Mucha confusión. Sentiréis y pensaréis. Y lo haréis de forma diferente. De manera radical. Os pondréis las manos delante de los ojos para mirar a través. No sabréis donde están los límites, ni las líneas. Traspasaréis las rayas de lo políticamente correcto, de lo bueno y de lo malo. Os plantearéis cosas que no se os habían pasado por la cabeza, ni sabiaís que estuvieran ahí, en algún pliegue de vuestra corteza cerebral. No sabréis lo que es verdad y lo que es mentira. Todo será distinto. No entenderéis nada. O sabréis demasiado. No decidiréis si es mero gusto por la provocación o es que sois unos lilas. Os gustará. Os aterrará que os guste. O no os gustará. Y os dará rabia que no os guste. Os perderéis. Os hallaréis. Y sufriréis efectos colaterales: tendréis ultraideas, miraréis diferente. No olvidaréis. Os sentiréis extremos. Seréis extremos. Y todo, todo, todo lo anterior, os hará infinita gracia.
Nota a pie de página:
Hay una cosa muy mala de los transportes modernos y es esa manía de hacer viajes de menos de 24 horas cuyo tiempo de desplazamiento sobrepasa el pasado (despierto) en la ciudad de destino. Fui víctima de una de esas malas ideas este lunes/martes. Regresando de París, en el aeropuerto de Orly (¿existe un aeropuerto con más retrasos, dislates y absurdos que este? No lo creo) me empapucé enterico (300 páginas) el libro de Noguera. Fue un viaje a lo Hunter S. Thompson. Lisérgico a tope. Juro que veía ultraviolencia en todos y cada uno de los tipos que estaban en las salas de espera. Gente con cráteres en la cabeza, mujeres con sombras de coños, bebés con claxon, lentillas de salchicha, rampas, crucifijos malos, suicidas, pipís chulos, verrugas parlantes...
martes, 4 de enero de 2011
UNA ROSA ES UNA ROSA

Mi madre ha tenido y tiene una mano espectacular para las plantas.
Recuerdo que la palabra esqueje me acompañó de pequeño.
'Cógeme un esqueje de ahí'.
Mi madre había montado en la parte trasera de casa un 'laboratorio', así lo llamábamos. Una tabla, un par de borriquetas y unas cuantas macetas. Frascos y plantas. Ahí hacía ella sus experimentos. 'A ver si agarra', 'lo tengo que trasplantar', 'hay que ponerle una guía'. De entre todos los ensayos vegetales de mi madre, el que mejor se le daba y se le da eran y son las rosas. Rosas de todos los colores (pero nunca muy fuertes, siempre en tonos desvaídos, indeterminados, difusos), gordas como puños o más finas, con un olor de vértigo o casi sin aroma. Rosas. Y mi madre se inventaba colores. No sé cómo. Pero en mi recuerdo así era. Ideó una rosa a la que llamó Nicanor. Era de un rosa muy débil, casi blanco, suave y con un olor que aún me viene si me concentro. La rosa Nicanor.
Todo eso he recordado -el jardín de la infancia, y los guantes, y la tierra, y las tijeras de jardinería- al leer Las rosas de Eça de Queirós. Un artículo periodístico de esos cuya lectura proporciona gran placer. Sobre la historia de la flor de flores (por mucho que a mí me guste más la hermanita pobre, la margarita), sus más y sus menos con la iglesia católica (hasta para relacionarse con plantas, tiene sus cosicas la empresa más duradera de la humanidad) y su conversión en símbolo político. Se lee en un interludio. Abres los ojos y los cierras. Y ya. Como comerse una violeta.
domingo, 12 de diciembre de 2010
CORRE, CONEJO

Intenté Jean Echenoz con sus libros Lac y Cherokee y fracasé estrepitosamente en ambas ocasiones. Aquello me resultaba soporífero y con un interés nulo. El otro día alguien me recomendó Correr del tal Echenoz. Me dijo: 'me gustaría que lo leyeras, me gustaría saber qué te parece'. Que demanden mi opinión ya es de por sí suficiente razón, y si a eso le añadimos que el demandante en cuestión tiene unos gustos bastante asimilables a los míos, la cosa estaba hecha. Fui al Instituto Francés, uno de mis lugares favoritos de la ciudad, a sacar un ejemplar de Courir (quise ser cauto). Y bueno, ahí que empecé. Al principio, fascinado con la economía de medios de Echenoz, con lo directo y sencillo de todo. Luego, inevitablemente atraído por el protagonista de la novela: el atleta checo Emile Zátopek, conocido como La Locomotora Humana. Al instante, el personaje de Emile se te pega y te sigue, te marca el paso. Me he sorprendido con el libro aún por la mitad y a punto de dormirme pensando en Zátopek. El que corría porque no podía ser de otra manera, el que corría porque sí, el que corría porque ya no sabía hacer otra cosa, el que corría y le dolía, el que corría y ganaba. Ajeno a casi todo, a los gritos, al cansancio, al daño, a la técnica, a los unos y a los otros, a los regímenes, a la historia. Simplemente correr. Simplemente poner una pierna delante de la otra. Lo he terminado -el libro- hace unos días y aún sigo sintiendo la sombra de Emile muy cerca; aún sigo imaginando sus carreras desmadejadas, extrañas pero victoriosas.
Y el mismo y casi anónimo alguien que me recomendó Correr, me hizo llegar el otro día una cosita preciosa y encantadora. Uno de esos sobres (bendito correo) inesperados y sorprendentes. Dentro, un librito. Pequeñito, ilustrado, con letra grande. El título, El motín de Moti Guj. El autor, Rudyard Kipling. La dedicatoria, 'Para el tapir, amigo de ciertos animalillos selváticos'. El viernes me despedí de Emile, y me fui directo a la India a lomos de un elefante. Una diminuta delicia, oiga.
Desde el (casi) anonimato, ¡gracias!
Etiquetas:
de qué hablo cuando hablo de correr,
echenoz,
el motín de moti guj,
kipling,
libros
jueves, 2 de diciembre de 2010
CRIATURAS DE DIOS

Aviso: lo que voy a acometer en las líneas que siguen es de una crueldad aterradora, de un sadismo sin precedentes, de una iniquidad inhumana. Pero, como diría el vizconde de Valmont, no lo puedo evitar. En guardia, pues.
Acabo de terminarme uno de los libros que más me ha hecho reír en mi vida. Ale. Eres una bestia, Viskovitz de un tal Alessandro Boffa. Pero descojono de llorar y de carcajada sonora en autobús, calle, consulta de dentista o donde se terciara. La hilaridad era tal que resultaba absolutamente imposible de contener. La cosa va de animalillos de dios. Que si caracoles, peces, ratas, escarabajos, escorpiones y leones. Unas humoradas de una genialidad difícilmente encontrables. Una ironía de esas finas que provocan el jolgorio del lector. Un surrealismo glorioso. Una brillantez cegadora. Parece que el tal Boffa, a la sazón biólogo, no ha escrito nada más.
Ahora están ustedes, rascándose (barbilla, coronilla, sienes o nariz), a la par que se preguntan: "¿Dónde reside aquí la impiedad intolerable de la que hablaba el tapir al comienzo?". Haberla, hayla. Y es muy gorda: el libro está descatalogadísimo y por lo que me han dicho es básicamente imposible de encontrar. A mí me fue regalado tras, parece, complicados mecanismos de búsqueda y rastreo. Ojalá lo encuentren. La caza del tesoro merece la pena. Lo juro por Ljuba.
Etiquetas:
alessandro boffa,
eres una bestia viskovitz,
libros
martes, 16 de noviembre de 2010
NOCHE DE FIESTA

tengo una amiga
que además de poseer gran ingenio
y un poderoso talento para la nada
-de entre todos, mi favorito-
es de una generosidad abrumadora
tanto que me regaló la fiesta salvaje
su ejemplar
un precioso volumen
el clásico perdido de joseph moncure march
ilustrado por art spiegelman
esta cosa
tan hermosa
me fue dada
porque cuando mi amiga la brillante
lo leía
pensaba en mí
no por la temática
supongo
espero
sino más bien por la forma
esta
mía
tan absurda
y tan pegadiza
me dice la genia
esta
la de ahora
y me lo leí
en una noche
esta noche
qué ritmo
qué prosa
qué potencia
qué sexo
qué ferocidad
qué diversión
qué violencia
qué dominio
mi amiga
que es muy lista
y mira bien
y quiere mejor
Etiquetas:
art spiegelman,
joseph moncure march,
la fiesta salvaje,
libros
lunes, 1 de noviembre de 2010
EL ARTE DEL REGALO
Hay dos tipos de regalos que me fascinan:
1. los que responden a alguna fijación tuya expresada en algún momento del año transcurrido
2. los que simplemente te descubren algo que no conocías, pero que pasa a ser una fijación
Resultados garantizados en ambos casos; en el primero, por esa cosa tan poco popular y sin embargo tan perfecta llamada memoria; y en el segundo, por esa cosa tan popular y sin embargo tan imperfecta llamada intuición
Este año, por mi cumpleaños, me han hecho dos regalos que encajan cual guante de látex en ambas categorías:
- en la primera:

Sí, amiguitos, alguien recordó mi enamoramiento súbito hacia este ser y decidió que debía tener una réplica cerca de mí. Está al lado de mi ordenador subido a una caja de cedés. Cuando me pierdo, nos miramos
- en la segunda:

De nada conocía yo los comics de Camille Jourdy. Y ahora, bueno, estoy fascinado. A la búsqueda de los dos volúmenes que van después de este y que completan la trilogía Rosalie Blum. Y habiendo pescado en el Instituto Francés Une araignée, des tagliatelles et au lit, tu parles d'une vie! Una preciosidad. Un prodigio de imaginación. Un viaje. ¡Y qué dibujos!
1. los que responden a alguna fijación tuya expresada en algún momento del año transcurrido
2. los que simplemente te descubren algo que no conocías, pero que pasa a ser una fijación
Resultados garantizados en ambos casos; en el primero, por esa cosa tan poco popular y sin embargo tan perfecta llamada memoria; y en el segundo, por esa cosa tan popular y sin embargo tan imperfecta llamada intuición
Este año, por mi cumpleaños, me han hecho dos regalos que encajan cual guante de látex en ambas categorías:
- en la primera:

Sí, amiguitos, alguien recordó mi enamoramiento súbito hacia este ser y decidió que debía tener una réplica cerca de mí. Está al lado de mi ordenador subido a una caja de cedés. Cuando me pierdo, nos miramos
- en la segunda:

De nada conocía yo los comics de Camille Jourdy. Y ahora, bueno, estoy fascinado. A la búsqueda de los dos volúmenes que van después de este y que completan la trilogía Rosalie Blum. Y habiendo pescado en el Instituto Francés Une araignée, des tagliatelles et au lit, tu parles d'une vie! Una preciosidad. Un prodigio de imaginación. Un viaje. ¡Y qué dibujos!
Etiquetas:
camille jourdy,
libros,
rosalie blum
jueves, 16 de septiembre de 2010
MARATHON MAN

Antes no me gustaba correr. Creo que sigue sin gustarme. Por mucho que lo haga, y con cierta disciplina, y con bastante continuidad. O sí. O me gusta correr, pero de una extraña manera. Me da cierto placer ponerme a ello, sentir los músculos tensarse, el sudor arracimarse, mis zancadas agrandarse, escoger la música para la carrera, aguantar un poco más, experimentar un gozoso cansancio al subir, de vuelta, las escaleras de casa. Definitivamente todo eso me gusta. Pero muchas veces, demasiadas, preferiría no hacerlo y dedicarme a cosas que realmente me gustan: leer, escuchar música, tomarme unas cervezas, charlar, puntos suspensivos. Eso sí que me gusta. Sin peros. El placer de correr viene tras vencer una resistencia, aunque puede, bien pensado, que ahí radique parte del placer.
Antes no me gustaba Murakami. Y me sigue sin gustar. El otro día una amiga que despotrica de Murakami tanto o más que yo (y me temo que por un juicio tan sumarísimo como el mío: Norwegian Wood le/me/nos pareció una basura; sí, llámadnos talibanes, pero hay veces en las que uno sabe que repetir sería un error) me escribió lo siguiente: "Cuando empecé De qué hablo cuando hablo de correr, me dije: 'Oh, la cagaste con tu lectura vacacional. Este tipo [Murakami] me repele. Peeeeroooo le di tiempo y seguí leyendo y me dije: 'Eh, este es un tío honesto, luchador... mola'. Sí, ahora me cae genial y puede contar conmigo para lo que quiera. De hecho, espero haber aprendido de él y tengo como trabajo acabar con la pereza".
Le pedí el libro en cuestión, claro. Por un lado, ella es/era tan antimurakamista como yo; por otro, el mundo footing -tema, por si no lo han adivinado, en torno a lo que gira el libro- me tiene atrapado. Así que ahí que me puse. Y, y, y me lo leí del tirón y me gustó; pero no. Y me gustó, pero supe -por fin- porque no me gusta él en sus otros libros. De qué hablo... va sobre esfuerzo, sobre disciplina, sobre superación (hay quien dice que es sencillamente el diario de un yonqui). Tres conceptos (esfuerzo, superación y disciplina) que no tengo muy trabajados y que nunca se me han dado. Así que bien. De qué hablo... impulsa a calzarte tus zapatillas, a correr, a sudar y a sentirlo. Así que bien. Pero también De qué hablo... es de una ingenuidad pasmosa. Así que no tan bien. Así que por eso (ah, era por eso) me da tanta tiña Murakami. Me resulta de un simplón que me muero, pero aquí, en las 230 páginas de este libro no me ha importado. Lo que en sus novelas me repatea, aquí me ha resultado entrañable. Porque Murakami repite una y otra vez lo mismo. Te explica una idea de lo más sencilla un par de vueltas o diez como si fuera un razonamiento filosófico de alto voltaje. Lo resumía otra amiga otro día: "Murakami me gusta, pero creo que es literatura para adolescentes". Aburrido, vamos.
Ahora bien, y repito, este libro me ha reconciliado al señor Haruki. Casi al inicio del libro, reflexiona sobre en qué se piensa cuando se corre. Sólo por esas páginas le redimo para siempre. Porque ¿en qué pienso cuando corro? Nunca lo había pensado, valga la redundancia. Y si me pongo a pensarlo, valga de nuevo, tampoco lo sé. Sé en lo que pienso cuando me lavo los dientes, cuando voy en tren, cuando cojo un avión, o incluso cuando hago la compra; pero no puedo decir exactamente en qué pienso cuando corro.
"A menudo me preguntan en qué pienso cuando estoy corriendo. Los que me formulan preguntas de esta índole son, por lo general, personas que nunca han vivido la experiencia de correr durante una larga temporada. Y cada vez que me hacen una pregunta de esta clase, no puedo evitar sumirme en una profunda reflexión: 'Vamos a ver, ¿realmente en qué pienso cuando corro?'. Y, para ser franco, no consigo recordar bien en qué he venido pensando hasta ahora mientras corría.
Ciertamente, los días en que hace frío, pienso un poco en el frío. Los días en que hace calor, pienso un poco en el calor. Cuando estoy triste, pienso un poco en la tristeza. Como ya he comentado, en ocasiones recuerdo de manera deslavazada sucesos que ocurrieron hace mucho. De vez en cuando (aunque esto no me ocurre más que de vez en cuando) me viene de pronto a la mente alguna idea, apenas un esbozo, para una novela. Pese a todo, realmente casi nunca pienso en nada serio.
Mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el vacío. Y también es en el vacío donde se sumergen esos pensamientos esporádicos. Es lógico. Porque en el interior de la mente humana es imposible lograr el vacío absoluto. El espíritu humano no es ni tan fuerte ni tan consistente como para poder albergar el vacío absoluto. Sin embargo, estos pensamientos (o estas ideas) que penetran en mi espíritu mientras corro no son, en definitiva, más que accesorios del vacío. No son contenidos, son pensamientos generados en torno al eje de la vacuidad.
Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo. El cielo es algo que al tiempo que existe, no existe. Algo material, y a la vez, inmaterial. Y a nosotros no nos queda sino aceptar la existencia de ese inmenso recipiente tal cual es e intentar ir asimilándola.
(...)
Mientras corro, tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes. Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal vacío. Es realmente estupendo. Digan lo que digan."
Etiquetas:
de qué hablo cuando hablo de correr,
libros,
murakami
martes, 31 de agosto de 2010
EL TIEMPO ES ORO

MIÉRCOLES 25 AGOSTO, 13.15 hs
Conversación mantenida entre una compañera y un servidor:
- Cada vez que escucho 'Sydney Pollack' me entran ganas de llorar.
- A mí me pasa lo mismo, pero también con Patrick Swayze y con Michael Ende...
- ¿Michael Ende está muerto? ¿Estás segura?
- Sí.
- Joder, qué bajón, ¿cómo no me lo dijiste antes?
- ¿Qué? ¿Quince años antes?
- ¿Lleva quince años muerto? Joder...
- Sí, por ahí... Me dio una pena... La historia interminable es uno de esos libros...
- A mí más Momo. De hecho creo que voy a releerlo. Aunque igual me da una bajona...
-No creo, seguro que te parece igual de flipante.
- No, si lo digo más bien por la posibilidad de que yo me haya convertido en uno de esos hombres grises...
Este tipo de conversaciones son las que hacen que mi trabajo resulte, a ratos, bastante molón.
JUEVES 26 DE AGOSTO, 7.45 hs
Me siento en el bus con mi Momo del año 1985.
Reencuentro con la niña Momo y con el niño Nic.
25 años después vuelvo, sí, sí, sí, a fliparlo.
VIERNES 27 DE AGOSTO, 19.50 hs
Me topo con aquello que me fascinó tanto en Momo.
La inquietante presencia de algo que ya de canijo me obsesionó: el tiempo.
Y a mí se me para un poco cuando llego a un párrafo que creo que leí ochenta veces en su momento.
"Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante eas hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón".
SÁBADO 28 DE AGOSTO, 11:10 hs
He perdido el bus. Me toca esperar casi una hora. No pasa nada. Prisa mata. Tengo tanto tiempo. Abro mi Momo. Otro párrafo me vuelve a dejar del revés: "Nosotros nos ocupamos de que nadie pueda retenernos en la memoria... Sólo mientras nos mantengamos desconocidos podremos hacer nuestro negocio... un negocio difícil, sangrarles el tiempo a los hombres hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo... porque todo el tiempo que ahorran lo pierden... nosotros nos lo quedamos... lo almacenamos... lo necesitamos... lo ansiamos... ¡Ah, no sabéis lo que significa vuestro tiempo!... Pero nosotros lo sabemos y os chupamos hasta la piel... Y necesitamos más... cada vez más... porque nosotros también somos más... cada vez más... cada vez más". Uf. A mi lado se sientan unas señoras. Me llegan retazos de conversación. Tan fascinantes que decido que ese tiempo es suyo. Aparco Momo. Me solazo y escucho. "Las Martínez-Bordiú sí son liberales... Y la Pepi... Y la Juani... Ellas quedan a comer y dejan a sus maridos, a sus parejas, a sus amantes o a lo que sea, solos. Hacen lo que quieren. Eso es ser liberal. Nosotras nos los llevamos a cuestas. Nosotras no somos liberales. No te engañes".
Hoy hace quince años que Michael Ende murió.
DOMINGO 29 DE AGOSTO, 13:00 hs.
Síndrome dominical disparado.
"Ese era otro de los enigmas de Casiopea que hacían que uno se volviera loco si lo pensaba demasiado tiempo".
Un poco más.
"Al principio, apenas se nota. Un día, ya no se tiene ganas de hacer nada. Nada le interesa a uno, se aburre. Y esa desgana no desaparece, sino que aumenta lentamente. Se hace peor de día en día, de semana en semana. Uno se siente cada vez más descontento, más vacío, más insatisfecho con uno mismo y con el mundo. Después desaparece incluso este sentimiento y ya no se siente nada. Uno se vuelve totalmente indiferente y gris, todo el mundo parece extraño y ya no importa nada. Ya no hay ira ni entusiasmo, uno ya no puede alegrarse ni entristecerse, se olvida de reír y llorar. Entonces se ha hecho el frío dentro de uno y ya no se puede querer a nadie. Cuando se ha llegado a este punto, la enfermedad es incurable. Ya no hay retorno. Se corre de un lado a otro con la cara vacía, gris, y se ha vuelto uno igual que los propios hombres grises. Se es uno de ellos. Esta enfermedad se llama aburrimiento mortal".
LUNES 30 DE AGOSTO, 23: 45 hs
"Le he contado todo esto -dijo- como si ya hubiera ocurrido. También hubiera podido contarlo como si fuera a ocurrir en el futuro. Para mí, no hay demasiada diferencia".
Termino Momo.
Absolutamente cegado.
Cuánta luz.
Cuánta lucidez.
Afortunadamente,
definitivamente,
indudablemente,
no soy un hombre gris.
Etiquetas:
ende,
la historia interminable,
libros,
momo
jueves, 26 de agosto de 2010
EN COMPAÑÍA DE OTROS

A la salida de la expo de Turner y los maestros:
Un tipo le dice a su acompañante: 'vamos, que el Turner este era un tipo que se dedicaba a rivalizar con todos sus contemporáneos copíándolos'. Otro tipo le dice a sus amigos: 'la verdad es que a Turner es mejor verlo solo'.
Los comentarios, de gran hijoputismo, no me pueden parecer más acertados.
Recuerdo con arrobo la primera vez que vi cuadros de Turner, solo y al natural; debió de ser en la Tate y quedé hondamente impresionado. En compañía de otros, al lado de Rembrandt, por decir algo, Turner como que palidece.
Viva la sabiduría popular.

Hace unas semanas me metí entre pecho y espalda otro Pavese, que, como siempre, se me quedó royendo por dentro. Es lo que tiene. Este estaba escrito a cuatro manos, con su colega y amante Bianca Garufi, editado a título póstumo por Italo Calvino (quien tuvo a bien, en su momento, cambiarle el título original Camino de sangre por Fuoco grande). Solo o acompañado, Pavese siempre es Pavese. Pausa y pesar. Deseos que se escapan. Cosas enterradas. Hoy hace cincuenta años que Cesare Pavese se daba muerte en una habitación de Turín.
lunes, 23 de agosto de 2010
DE DOS EN DOS


En mi maleta de verano había cuatro libros.
Dos que tengo a medias desde hace ni sé sabe. Y que han avanzado poco, muy poco, en la playa.
Y otros dos que alguien me dejó para que me los llevara de paseo. Y que han resultado ser parecidos sin serlo. Parecido totalmente casual: el prestador me había dejado uno de ellos para que yo ejerciera de negro de lectura, él aún no le había puesto la garra encima y yo iba a servir de cobaya (confieso que esta misión me pone tanto como me impone: desvirgar el libro de otro es una sensación un tanto extraña).
Ah, sí, claro, los libros: El cielo de cae de Lorenza Mazzetti y El ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys. Ambos de mujeres, ambos sobre chicas, ambos sobre infancias, ambos sobre el peso aplastante de la religión, ambos sobre todos esos mundos que uno se crea cuando de pequeño y de alguna manera es perseguido y/o distinto (¿no es acaso y un poco lo mismo?), ambos divertidos, ambos tristes, ambos con una punta de dolorosa inocencia.
Etiquetas:
el ancho mar de los sargazos,
el cielo se cae,
jean rhys,
libros,
lorenza mazzetti
domingo, 27 de junio de 2010
ATERRIZA COMO PUEDAS

Siempre que estoy en un aeropuerto recuerdo una diatriba de un músico que gusta y gasta incorrección política. Venía a decirme que se cagaba en la democratización del acto de viajar; que, antes, coger un avión era una cosa exclusiva, al alcance de unos pocos; y, que los aeropuertos eran lugares de paz y sosiego, tranquilos y silenciosos, incluso elegantes, muy lejos de los malls ruidosos y estresantes en lo que se habían convertido ahora estas pistas de despegue y aterrizaje. Este tipo de ideas formuladas más para recocijo y chanza que para un análisis sesudo y destripante me hacen gracia. No lo puedo evitar. Esté o no de acuerdo. Las llamo opiniones fuego de artificio. No sirven de mucho, pero dan color.
Pues bien, estaba yo en el aeropuerto mirando los pasajeros (diseccionando, más bien: el tiempo de espera fue largo. Sí, volaba con Vueling. Si alguno de los presentes ha salido y llegado alguna vez en su vida en tiempo previsto con Vueling, que compre un billete de lotería, funde un partido político o monte una secta. Está tocado por la gracia de los dioses y llamado a un destino mejor) y me preguntaba qué lleva a la gente a ir vestida cómo lo hacen a un sitio donde se va a coger un medio de transporte, normalmente no demasiado cómodo (es lo que tienen las compañías low cost: optimizan el espacio que ni los planes urbanísticos más demenciales; eso por no hablar de su 'cómo sacar el máximo rendimiento a su dinero'. ¿Que tu equipaje es de color rojo? Uy, qué feo, acoquina treinta pavos más. ¿Qué se te ha olvidado traer el billete impreso? ¡Serás mendrugo, 80 leros más! ¿Que tu maletín tiene trece centímetros de ancho? Da malísima suerte en el aire, al puestito a soltar 50 del ala). Ay, que me pierdo... Observando los viajantes reparé en que, habitualmente, una nutrida parte de ellos viste de manera inadecuada. Objetivamente inadecuada. Con esto me refiero a: zapatos apretados o, al menos, de unas estrecheces espeluznógenas; tacones imposibles; ropas ceñidísimas; miles de abalorios; decenas de objetos que pitan en los arcos del metaaaaaaal tales como cadenas, botas rampantes, muñequeras de pinchos; maquillajes que más parecen óleos; prendas mínimas en verano -la temperatura aeroportil se caracteriza en época estival por ser la perfecta para congelar pollos-; y un largo etcétera. Nunca he entendido este fenómeno: da la sensación de que, de pronto, les han metido en un coche y les han dicho 'ale, te vas'. De improvisto y con lo puesto. Como ir a pillar peña para una excursión de senderismo sacándola del tirón de un after.
A mi regreso, visualicé el infierno. Tres horas y media largas de espera, radios gritando el partido de fútbol, oyentes retransmitiendo los gritos, gentes envueltas en toallas arenosas para controlar la hipotermia, pantallas escupiendo imágenes en loop, machacón tecno para acabar de completar el cóctel. En medio de la pesadilla, juro que, no sé cómo, pero juro que sucedió, encontré la paz y la gloria en el libro Retratos y encuentros de Gay Talese. Nueva York, Sinatra, trajes de mafiosos, Ali... Todo tan bien escrito, tan conciso, tan directo al objetivo, tan bien construido, tan brillante que por un rato olvidé. Métanlo en la maleta, es mejor que la Biodramina.
Etiquetas:
gay talese,
libros,
reflexiones de un tapir,
retratos y encuentros
jueves, 17 de junio de 2010
LA VIE DE BOHÈME

Parte de mi primera infancia, en los que a lecturas se refiere, se dividió entre Guillermo el proscrito y El pequeño Nicolás (luego está lo de Ben Hur de Lewis Wallace, lo leí tres veces o así, pero esa es otra historia). En mi memoria, Guillermo era España, vacaciones, sol y cardos. En mi recuerdo, Nicolás era Francia, lluvia, palomas y largos inviernos. Creo que era algo así como lectura obligatoria en el país vecino. Probablemente esto último no sea cierto, casi seguro que es una gran trola. Es más que posible que sólo sea una manipulación, adaptación y tergiversación de mi rewind.
Esta semana empezó con un regalo. Quelques artistes et gens de lettres, un precioso librito bien fino y bien irónico en el que Sempé se descojona con delgada socarronería del intelectualismo y del artisteo (en general; en particular, del gabacho). Los textos son de una gozosa corrosión y los dibujitos de esos repleticos de detalles de estar mirando un buen rato. Qué bien. La cosa venía con un marcapáginas de la tienda de tebeos en cuestión. Impreso en él, un dibujillo de un hombre enmascarado a lo Zorro. Qué rebien.
Etiquetas:
guillermo brown,
libros,
pequeño nicolás,
richmal crompton,
sempé
miércoles, 12 de mayo de 2010
MÁS EXTRAÑO QUE LA FICCIÓN

Mi nuevo héroe se llama Tommasso Debenedetti. Lo digo y me quedo tan panchuno. Por su sangre fría, su cuajo, su inventiva, su imaginación y su método. Para los que aún no se hayan enterado, Debenedetti es un periodista que se ha dedicado en el último lustro a publicar entrevistas falsas, genuinamente irreales, de manera sistemática y a personajes como Gore Vidal, Günter Grass, Le Clézio, Toni Morrison, Naipaul o Saramago (casi todos, premios Nobel, ya que nos ponemos...). El que descubrió el pastel fue Philip Roth, uno de los supuestos entrevistados. La historia me recuerda en algo a Atrápalo si puedes, la peli de Spielberg. Y como esta, la aventura de un tipo que se dedica a engañar, a timar y a trampear me encanta. Pero si, encima, el material objeto de fraude son entrevistas a escritores, me parece que la cosa alcanza lo sublime. Encima parece que las entrevistas estaban bien. Los entrevistados eran reconocibles, y, quién sabe si no quedaban hasta mejor de lo que eran. Y, qué coño, a veinte euros la entrevista (que eso le pagaban al falsificador) no sé qué cojones pretendían... Lo dicho: fan del tipo este. Curioseando en Google, me encuentro con que Tommassin tiene un antecesor de primera en esto del timo entrevistil. Un tal Nahuel Maciel. Lo suyo fue grande; su descaro antológico; y los resultados, insuperables.

El otro día, rebuscando entre libros pendientes, me topé con Dalí y yo: una historia surreal, de Stan Lauryssens. Genuinamente real. La cosa empieza igual: un tipo (el tal Stan) que, tras tumbear por algunos trabajos absurdos, acaba inventando entrevistas para una revista de cine. Ahí empieza la loca carrera de Stan: un tío sin muchos escrúpulos que se convertirá en uno de los mayores marchantes de la obra de Dalí y un experto en falsificaciones dalinianas (en reconocerlas, hacerlas, localizarlas, venderlas). Las anécdotas sobre el mercado del arte, los cotilleos sobre Dalí y sus perversiones onanistas y surrealistas, Gala y su avidez lúbrica e infinita... No cuento más. Mejor leerlo. Y no dar crédito. Tan increíble como real. O así. Tan inaudito como verídico. O casi.
Mantengan los ojos abiertos. Que no se la den con queso. Que el engaño está a la vuelta de la esquina. Y se disfraza. Mucho y bien. Sé de lo que hablo. Que lo de que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, pues va a ser que no...
lunes, 3 de mayo de 2010
I LIKE TO WATCH

Hace casi diez años me compré el libro Desde el jardín, de Jerzy Kosinski. No sé por qué. Creo que por la portada (salía Peter Sellers, quien protagonizara la película Bienvenido Mr. Chance, basada en el libro de Kosinski), porque la contra rezaba "Quizá el libro que más me ha impresionado" (Luis Buñuel), o por la lectura en diagonal de la primera página.
Lo leí y flipé. Una historia perfecta, corta, contundente y que sugería decenas de cosas contando, en apariencia, una descabellada y sencilla historia.
Poco después me hice con En busca de Goddard, de Kosinski, que me pareció un truñaco tamaño natural. Mala.
Leí un poco sobre el autor. Fascinante. Un tipo oscuro, excesivo y polémico, que había hecho un personaje de sí mismo jugando al despiste toda su vida y que se había quitado la ídem dejando el siguiente mensaje: "Me he ido a dormir por un rato mayor de lo habitual. Llamad Eternidad a ese rato".
Después de eso, quise ver con más o menos intensidad según la época, la película de Hal Ashby, Bienvenido Mr. Chance. Pero siempre se me escapaba. Si la ponían en la filmo, no podía. Si me acordaba de buscarla en alguna tienda, no la encontraba y así. Hace un año leí Moteros tranquilos, toros salvajes y me volvió a entrar el gusanillo (Ashby sale muuuuchas veces en ese pasionante libro). Pero pasaron los meses y se me seguía escapando.
El otro día acompañé a un amigo a una tienda a comprar pelis. Curioseando aquí y allá (por cierto, vi que estaba Los seres queridos y en una edición chulísima: será mi próxima compra), me topé con Bienvenido Mr. Chance (Being there) y a un precio realmente ridículo (seis o siete euros). La apreté fuerte contra mi pecho.
Cuando regresaba a casa, ufano por el inesperado hallazgo, me choqué con el amigo que me había regalado Moteros tranquilos... y que, por cierto, es gran fan de Ashby. (Este dato es absolutamente intranscendente para la historia, pero me hizo cierta gracia el cierto azar y, sobre todo, enervó aún más mis ganas de ver la película).
La vi con la boca abierta. Desde el principio hasta el final. Todo en esa película es grandioso. Peter Sellers (que es Mr. Chance, tal y como lo había imaginado) Melvyn Douglas (qué gran hombre), Jack Warden (buah), Shirley MacLaine (tan enorme como cuando está enorme)... Los decorados, las secuencias, el montaje, la música... El genio Hal. Y, claro, la historia. Cómo respeta la sutileza del espíritu Kosinski: es divertida, triste, cero obvia, apabullante, con enjundia y fundamento que diría aquel.
Being there es la historia de un hombre aislado que sólo conoce del mundo a través de lo que ve en la televisión. Un día se ve arrojado a la realidad y allí empieza una aventura entre absurda e increíble que en realidad habla de otras tantas cosas. De lo superficial de casi todo. De la facilidad que tenemos a veces para escuchar lo que queremos escuchar, para ver lo que deseamos ver, para encontrar lo que andamos buscando. De lo absurdo de atribuirle a alguien (en este caso perfecto para ese fin: tan blanco, tan neutro, casi inmaculado) lo que uno ansía. Las expectativas, las proyecciones. De lo ridículo de tantas cosas. Como dice uno de los personajes de las películas: "La vida es un estado mental".
Nota a pie de página:
La otra tarde me crucé con Marvin Gaye. Hablaba solo.
Etiquetas:
being there,
cine,
hal ashby,
jerzy kosinski,
libros
miércoles, 14 de abril de 2010
LÉEME

La historia es como sigue:
Hace unas semanas, quedé a comer con un amigo. Llevaba una bolsa de papel marrón (de esas que usan los chuzos en las pelis yanquis para beber de tapadillo en las calles y parques). Me la dio sin mucho preámbulo. "Es para ti, te he visto algo bajo últimamente". Dentro, la edición de Martin Gardner (anotada y con las ilustraciones originales) de Alicia en el País de las Maravillas. No era mi cumpleaños, las Navidades -gracias a quien sea- quedaron atrás, y, ni siquiera era san Nicanor (mi fiesta se celebra el 10 de enero, aunque san Nicanor mártir -ay- es el 4 de junio). Agradecí el detalle como sólo se agradece lo que llega inesperado: con sonrisa abollaparedes, un saltito y un exclamativo y mayúsculo GRACIAS. La otra edición que tengo de Alicia (en francés, de tapas verdes y doradas, y también bonita) me cayó por un motivo bien concreto y que, en aquel momento, debió de pesar lo suficiente: notazas.
Así que me he tirado la semana santa, abrazado al voluminoso libraco, llevándolo en procesión como si de una dulce condena se tratara, del sofá a la cama, de la cama al baño y del baño al sofá de vuelta (a la cocina, no: no es uno de esos libros que uno guste de sobar con los dedos grasosos y/o azucarados).
Empieza con una clara declaración de principios: en la introducción ya se dice que las (numerosas) notas que acompañan la edición no pretenden ser una lectura freudiana, ni política, ni religiosa, ni tan siquiera sesuda del cuento. Y retoma unas palabras del gran Chesterton: "¡Pobre, pobre Alicia! No sólo la han cogido y la han hecho recibir lecciones: la han obligado a imponer lecciones a los demás. Alicia es ahora no sólo una colegiala, sino también una profesora. Las vacaciones han terminado y Dogson es otra vez profesor. Habrá montones y montones de ejercicios de exámenes con preguntas como esta: 1) ¿Qué sabe sobre las siguientes expresiones: 'debirable', 'barrenar', 'ojos de abadejo', 'pozos de melaza', 'hermosa sopa'? 2) Consigna todas las jugadas de ajedrez que hay en A través del espejo y traza el diagrama. 3) Resume el método práctico del Caballero Blanco para abordar el problema social de los bigotes verdes. 4) Indica la diferencia entre Patachunta y Patachún".
A partir de ahí ya todo fue una gozada. Las notas -en su mayoría, trozos del diario de Lewis Carroll, pero también teorías matemáticas y científicas de la época, aclaraciones históricas, reproducción de poemas y canciones populares de aquel entonces que Carroll parodia-, fascinantes. Las ilustraciones, maravillosas. Y el cuento, para caerse, perderse y no regresar.
Me reservo A través del espejo para cuando me haga falta, otra vez, no encontrarme.
Etiquetas:
alicia en el país de las maravillas,
lewis carroll,
libros
lunes, 12 de abril de 2010
CINE, CINE, CINE...

quería un libro que no me hiciera pensar demasiado
que me pudiera ventilar en una tarde o en dos
que me entretuviera y me dejara feliz
que no me exigiera nada
que me diera algo
tuve suerte
di con cineclub de david gilmour
un libro sin pretensiones y bonito
más para los que nos gusta el cine
e, imagino, más para los que tienen hijos
cineclub o de cómo un padre intenta educar a su hijo a través del cine
sencillo y honesto
Etiquetas:
cine,
cineclub,
david gilmour,
libros
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




