Hay dos tipos de recomendacionesLas que se limitan al qué; y las que abarcan, además, el cómo, el cuándo y hasta el dónde
Mi Amarillo de Félix Romeo me ha venido dado de la segunda de las maneras
Y se agradece
La preocupación, la dedicación, la delicadeza
Amarillo es un libro a coger con cuidado
Porque es tan bonito que no conviene, ni se quiere estropear
Pero también, sobre todo, porque puede hacer daño. Mucho
Y poco más tengo claro
No sé si Amarillo es una sentidísima carta al amigo que se suicidó o un oportunista ejercicio literario partiendo de un hecho luctuoso
No sé si supone una falta de pudor atroz o si, por el contrario, era la única, la mejor forma de despedirse
No sé si por parte del lector constituye un acto de voyeurismo vergonzante -rayano en lo morboso- asomarse a Amarillo o si es más bien un enfrentarse sin sentimentalismos absurdos, ni tapujos aprendidos al que es, según Camus, el único problema filosófico verdaderamente serio
No sé si hay exhibicionismo o redención
No sé cuánto de agradecimiento, cuánto de culpa, cuánto de rabia, cuánto de amor, cuánto de dolor y cuánto de rencor habita en Amarillo
No sé si es una de las más hermosas esquelas jamás escritas. O no
No sé si el involuntario protagonista del libro (escritor real malogrado) era un genio o el prototipo de torturado torturante
No sé si Amarillo encierra algo de esto, todo a la vez o nada
No lo sé
Lo único que sé es que deja un sabor extraño, una sensación marciana
Algo terriblemente íntimo
Contradictorio y confuso
Incomprensible e incómodo
Pegajoso y húmedo
Como la muerte
Y puede que eso sea todo lo que haya que saber