
A la salida de la expo de Turner y los maestros:
Un tipo le dice a su acompañante: 'vamos, que el Turner este era un tipo que se dedicaba a rivalizar con todos sus contemporáneos copíándolos'. Otro tipo le dice a sus amigos: 'la verdad es que a Turner es mejor verlo solo'.
Los comentarios, de gran hijoputismo, no me pueden parecer más acertados.
Recuerdo con arrobo la primera vez que vi cuadros de Turner, solo y al natural; debió de ser en la Tate y quedé hondamente impresionado. En compañía de otros, al lado de Rembrandt, por decir algo, Turner como que palidece.
Viva la sabiduría popular.

Hace unas semanas me metí entre pecho y espalda otro Pavese, que, como siempre, se me quedó royendo por dentro. Es lo que tiene. Este estaba escrito a cuatro manos, con su colega y amante Bianca Garufi, editado a título póstumo por Italo Calvino (quien tuvo a bien, en su momento, cambiarle el título original Camino de sangre por Fuoco grande). Solo o acompañado, Pavese siempre es Pavese. Pausa y pesar. Deseos que se escapan. Cosas enterradas. Hoy hace cincuenta años que Cesare Pavese se daba muerte en una habitación de Turín.
