El otro día solté así un poco a lo loco que Justin Timberlake era el
nuevo Michael Jackson y
casi me arrancan mi tapiresca piel a tiras por semejante afirmación.
Como la polémica me gusta sólo a
veces (han de darse dos condiciones claras e inseparables para que entre
al trapo: que el tema de batalla me importe realmente y que con quien
tenga que lidiarlo, también me importe mucho; si sólo se da una de las
dos cosas, por mí somo si se cagan en Darwin), pues eso, que como soy un
melindres para esto de las filosofías de bar-atillo, preferí retirarme a
mis aposentos y guardar un prudente silencio. Pero, como también soy un
animal de mucho rumiar y darle al magín, seguí dándole vueltas a esta
teoría mía que, en ningún caso, me resultaba descabellada (teoría, por
cierto, bastante refrendada si se hace una rápida
búsqueda en Google de ambas personas; hay incluso un fotomontaje con la
cara cortada de ambos divos). Casualmente, dos días después de este
abortado debate, leí en algún lugar una nota de prensa con la fecha ya
definitiva del lanzamiento del
nuevo disco de Justin (demos gracias). En la foto que acompañaba la
susodicha nota y promocionaba el
nuevo clip, Justin lucía -luce, la fotaca sigue intacta- pantalón
tobillero
negro, calcetines blancos y mocasines negros (Tom Ford, mediante). Mira
tú qué casualidad. Me recuerda a alguien, no
sé, cosas mías... Así que ahí van mis parecidos razonables para afirmar,
contra viento y marea, que: a. el regreso de Justin es el regreso del año
(por delante, con todos mis respetos, del Duque Blanco); b. Justin es
el heredero 'natural' de Michael Jackson; c. es un 'artista total' (a la
manera del rey del pop).
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| ¡Bravo, tapir! Sabía yo que tú te darías cuenta... |
1. Justin también fue repelente
estrella infantil. Allí estaba él en el seguramente horrible programa
The Mickey Mouse Club, junto a otros miniengendrines como Britney
Spears, la Aguilera o Ryan Gosling. Está claro que el ratón tenía
olfato...
2. Justin le da cosa mala al bailoteo. Y se sale. No en vano empezó
en esto siendo un integrante de una boy band ('NSync) que se marcaban
más dancings que escalas.
3. Justin sabe, como lo supo
Michael Jackson, que lo importante está en la mezcla, o sea que sin un
superproductor no eres nada. Quincy para Jacko, Timbo para Timber.
4.
Justin, como Michael, no se 'conforma' con ser una de las mejores
mentes musicales del panorama (que nadie piense que Justin es sólo
Justin, se esconde y hace cameos cada dos por tres; estos siete años de
silencio han sido de un mutismo relativo), además es empresario y actor
(podría dedicarse a ello si le diera la gana, y
encima lo hace entre no tan mal y muy bien según lo que le toque).
5.
Y, para rematar mi despechado argumentario, sólo diré que
cuando tuvieron que cancelarse los conciertos de Londres por la repentina
muerte de Michael, Justin fue considerado como el posible perfecto
sustituto. Por algo sería (y no creo que sólo por su capacidad para el falsete).
* Pero eso es lo de menos, lo de-más es que Justin,
como Michael, tiene un talento apabullante -de esos que sólo tienen algunos elegidos que consiguen hacer fácil lo imposible-, sabe sacarle todo el brillo a lo negro, te obliga a bailar
y que parezca que sabes hacerlo, alumbra canciones que se quedan y que se
escuchan en loop del subidón que dan, consigue ponerte por las
nubes y hacerte sentir el rey -sino del pop, de cualquier otra cosa-, y
sobre todo es siempre elegante -mucho-, fino -finissimo- y preciso
-milimétrico, diríase-.
Hay a quien no le ha entusiasmado el single de adelanto de su nuevo disco. Yo ya me lo sé de memoria...
Un buen y listo amigo mío me escribe así sobre esta polémica: "No sólo estoy de acuerdo, sino que estoy muy de acuerdo. Es más, me
parece que Justin es ahora lo que Michael no quiso ser y podría haber
sido. Vamos, que se negaba a ser producido por Timbaland, Neptunes, etc.
por cabezonería, algo que yo creo que podría haber sido mítico, porque
las últimas cosas del tipo eran una full y esta gente le podría haber
dado un barniz moderno la mar de chulo".