martes, 27 de enero de 2009

INTENTO FALLIDO


Lo que más me gusta de las pelis de Truffaut es que es tan innecesario como imposible hablar de ellas. He vuelto a ver El niño salvaje. Esta vez en pantalla grande. (Me sucede en el cine lo que a los coleccionistas de música. Ellos dicen: hay que tenerlo en vinilo -ver el maravilloso documental Scratch-. Yo digo: hay que verlo en el cine. En una sala de verdad).
Las películas de Truffaut, las que he visto, no todas, ni de lejos, ni siquiera la mayoría, hablan de muchas cosas, sugieren, emocionan y te llevan. Sin artificios, imposturas, ni sobeteamientos. Todo está ahí. Y tan sutil, y tan claro, y tan sincero, y tan conmovedor, y tan tierno, y tan duro. Todo a la vez. Así que no encuentro manera, no hallo el conducto adecuado, las palabras mágicas. Ni falta que hace.
Una y otra vez las películas del francés resisten la inclemencia del dictatorial paso del tiempo. Década tras década aguantan. Incólumes. Están y estarán porque son de verdad. Hay demasiado ahí para ventilárselo en unos párrafos o para colgarle alguna reduccionista etiqueta como la de la Nouvelle Vague (movimiento tan necesario en su momento como, ahora, a mí me parece casi olvidable, si no fuera por la inevitable nostalgia).

10 comentarios:

fr. rolfe dijo...

Primera escena: un hombre desciende a una gruta, donde le espera, para jugar al ajedrez, su viejo amigo, la Muerte.

Segunda escena: la Muerte le enseña al hombre su hogar, iluminado por millares de velas de todos los tamaños que proyectan temblorosas lágrimas de luz sobre las paredes de la caverna.

Tercera escena: la Muerte explica al hombre que cada una de esas velas, con su correspondiente llama, designa una vida humana.

-¿Ves ésa? -pregunta la Muerte señalando una vela particularmente larga-, esa es la vida de un niño, larga, aun por consumir...
-¿Y cuál es la mía? -quiere saber el hombre.

La Muerte le muestra entonces una palmatoria donde, en un charquito de cera líquida, flota una llama pequeña y vacilante...

Estas escenas que trato de reproducir burdamente pertenecen a una peli que me impactó cuando la vi, hace siglos... Siempre pensé que se trataría de El Septimo Sello, pero cuando la pude ver comprobé que no era (de hecho, la peli en cuestión era en color).

Hace tiempo alguien me dijo que podía tratarse de una película de Truffaut, el cuarto verde, ¿alguien lo puede confirmar?

el tapir nicanor dijo...

buenas barón corvo,
si no fuera por la partida de ajedrez, yo diría que se trata de la habitación verde de truffaut. la partida de ajedrez con la muerte es del séptimo sello, pero no es en una gruta que yo recuerde, sino en una playa.
ay, no sé...
no sé...
la duda me corroe...
que alguien nos saque de este atolladero

La Rata Marcelina dijo...

la habitación verde
en la filmo vi
más no recuerdo esa escena...
quizá fue que me dormí

inquietante sin duda

yo me quedo con el truffaut
de finales de los sesenta
la serie aquella de pelis
-que repusieron hace no mucho en la2-
con el actor icono del 68
y sus aventuras parisinas...

es todo tan moderno
es todo tan civilizado
es todo tan divertido
es todo tan normal
que no aurora boreal
sino rata francesa
quisiera yo ser

...y vivir en una alcantarilla
de montparnasse

el tapir nicanor dijo...

las aventuras de antoine doinel
(imagino, rata, que a ellas te refieres) son estupenditas
más truffaut es siempre grande
a diferencia de algunos de sus compis de la nueva ola
que a ratos resultan engolados y pesantísimos

santiago lorenzo jimenez dijo...

Un día, el antropólogo ilustrado coge al niño salvaje y ensaya con él la injusticia. Le pone un examen, el niño gorila las acierta todas y Truffaut va y le castiga. Es una secuencia-cebolla para llorar a todo párpado cuando así se desee.

el tapir nicanor dijo...

así es
esa secuencia es la más cebollil de todas
más, reconocer debo, que yo estuve toda la película con el lagrimal temblón

el brigadier dijo...

De Truffaut he visto, que yo sepa, seis películas. Me gustaron las seis. Más la piel dura que la piel suave. Más los 400 golpes que Jules et Jim. Y menos el último metro que la novia vestía de negro.

Hace unos posts, el tapir se preguntaba sagazmente cómo habría hecho Hitchcock "las diabólicas". Yo me hago la misma pregunta al respecto de la novia.
Y ambas preguntas comparten respuesta: Cornell Woolrich.

(Me han gustado las cosas que se han dicho es este post y aledaños. Definitivamente, tengo que ver más Truffaut)

Y por ende no he visto la habitación verde y no puedo ayudar al pobre señor Rolfe, a quien quizás le haya traicionado la memoria, fusionando dos viejos recuerdos (la partida de ajedrez del séptimo sello transcurre, efectivamente, en una playa) en una sola película interior: el séptimo cuarto, o el sello verde. A elegir.

el brigadier dijo...

Hola. Yo otra vez. Ayer tuve un lapsus e insinué que Cornell Woolrich/William Irish era también autor del argumento de las diabólicas.
Y no. Falso. Mea culpa. Mis disculpas. No sé en qué estaba pensando, quizás en ese larguísimo partido de tenis que me había tenido entrete toda la mañana. Una final cuyo guión parecía escrito por el mejor Ridley Scott, conjugando Gladiator con Los Duelistas. Y Blade Runner en ese emotivo epílogo que fue la entrega de trofeos. El pobrecillo Federer parecía el moribundo replicante ("me está matando..." llegó a decir) que encarnaba Rutger Hauer. A diferencia de él, las lágrimas del suizo no se perderán como gotas en la lluvia: siempre nos quedará Youtube.

La Rata Marcelina dijo...

GRANDE BRIGADIER!
siempre nos quedará el yotuve

las lágrimas de roger
darían para otro post
esas lágrimas tienen mucho
de soberbio gladiador
que perdió el favor de los dioses
en favor del vencedor

se merece un coro griego
que le cante su canción:
la del que ganó en mil batallas
y llegó a la perfección...
hasta que se vino encima
la siguiente generación:

ahora se sabe muerto
el maldito número 2
que jamás regresará al olimpo
y eso duele, ¡vive dios!

(la humildad es sabiduría
y también sabio debiera ser un campeón)

olivia niuton-yoda dijo...

En sollozos un tiarrón, lástima produce
Un bebé semejaba moqueando
Su soberbia al descubierto quedó
Si para ganar enseñan a los ídolos
A las derrotas encajar también deberían
El examen de Jedi, Federer no habría pasado