jueves, 18 de febrero de 2010

BUSCANDO EN EL BAÚL DE LOS RECUERDOS



Hace años, solía pasarme cada cierto tiempo por el Vips a rebuscar entre los libros de oferta. Y siempre encontraba algo. El viejo catálogo de Bruguera a un precio de risa. Joyas descatalogadas. Autores que llevaban sin editarse una vida... Así descubrí al dios Cheever. Crónica de los Wapshot y El escándalo de los Wapshot. Dos preciosos tochitos de Alfaguara que me compré vete tú a saber por qué. La intuición a veces funciona como un reloj. Entre todos los que adquirí por aquella época recuerdo otros tres con los que me hice en la misma tacada: Música para camaleones de Capote, El mensajero de L. P. Hartley y Que usted la duerma bien, señora de Jean Rhys. Al primero le tenía controlado. De los dos últimos, ni repajolera. El libro de Hartley me pareció glorioso y el de la señorita Rhys, espléndido. Fue hace mucho. En el año 92. Al menos así consta en la rúbrica de la primera página. Hace unos meses me llegaron El ancho mar de los sargazos y la inconclusa autobiografía Una sonrisa, por favor. Ambos editados en Lumen, ambos preciosos, ambos de una tal Jean Rhys. Mi cabeza se puso en marcha tratando de recordar de qué conocía yo a esa mujer. No lograba ubicarla. Sólo sabía que había leído algo, de relatos más concretamente, y que me había gustado. Repasé mis estanterías con calma (detesto que mi memoria se vuelva loca tratando de recordar; más, si puedo darle la solución). Y ahí estaba el volumen. En la colección Narradores de hoy de Bruguera. Amarilleaba ya. Así que puse Una sonrisa, por favor, el primero de la pila de libros a leer. Me hacía ilusión reencontrarme con, por lo que se ve, una vieja conocida. Me volví a recostar en la escritura de Jean Rhys. En sus memorias. Con su deje de melancolía (y, ay, cierto tufillo -soportable y muy difuminado, lo juro- a su coétanea Anaïs Nin -debía de ser la época-). Sin pretensiones literarias. Tan sencillo. Años enteros que pasan en una página. Y detalles insignificantes que se detienen en dos, fijados en el tiempo. Hay una especie de tranquilidad que emana de la escritura de esta mujer. Un ritmo sereno. Lo empecé en un tren. Lo acabé en otro. De cuando en cuando, la vista por la ventana.

3 comentarios:

Milan dijo...

Casualidad: hace un par de días agarré del lomo El ancho mar de los sargazos para leerlo.
Como perdió el Madrid, me cabreé y entristecí tanto que en lugar de ponerme con el libro como tenía previsto, me puse con mi ibuprofeno particular, una peli de Steve Mc Queen.

El conejo blanco dijo...

A mí el Vips siempre me ha dado como grimilla. Desde el brillo de los halógenos hasta el sandwich triple. Siempre me da la sensación de que estaría mejor en cualquier otra parte. Eso sí, he encontrado cosas como el "wall & piece" de Bansky y "eraserhead" por un precio ridículo.

Me apunto tu recomendación y propongo otra, los cuentos completos de Flannery O'connor, también en Lumen. A la altura de Faulkner y Cormac McCarthy. Una escritora tremenda.

el tapir nicanor dijo...

flannery o'connor lleva en mi lista de pendientes desde la noche de los tiempos
de este ¿año? no pasa
gracias por el recordatorio