lunes, 9 de febrero de 2009

TESTIMONIOS (II)


Hola, me llamo Antoni. Y soy cantante. Pero de esos de voz finita, como de llorar. Yo, bueno, hacía mis discos y me decían frik. Así, frik. En todo el jeto. Friki. A mí me daba igual porque soy de Niuyor que es una ciudad bonica y requetellena de luces. Y yo pues me movía en el undergroun que es una cosa que a los artistas y al faranduleo nos va mucho, y si somos de la gran manzana, pues más. Así que yo ahí, con mis travestis y mis transexuales, haciendo mis gorgoritos y mis performances. Todo muy moderno. Un día, pues fíjate, voy y grabo el Aim a bird y todo el mundo se vuelve majara. Yo ya había hecho más discos antes. Pero seguía en el undergroun ese, en lo subterráneo por así decir. Y de pronto, ya te digo, el Aiam a berd. Y que si la nueva Nina Simone, que si la voz cristalina, que si le emoción de no sé qué, y venga de tontunas. Yo a mi bola. Yo como siempre. Frikiiiii. Con mis pelos revueltos y mi cara palidísima y mi look -que aquí le decimos así a los trapos que se pone uno- de Frankenstein, y mis jerseys con agujeros y mis zapatones de gótico paralítico. Y así, ¿no? Y cuando tocaba, yo con mi mochilica a todas partes. Pues no me decían los guachos que la dejara en el camerino, que esto no era un tugurio del Bronx Vamos, que me verían cara de gañán los muy... Que si para las cuatro mierdas que llevas, Antoni, no me seas agarrao. Y yo, que no, cabrones, que mi mochila no la suelto, que mira lo que le pasó al Pocholo ese. Venga de disgustos. Frikiiiii. Fue una época lindísima. La recuerdo y se me humedecen las cuencas de los ojos como cuando el pesao de Marco no encontraba a su madre. Es que yo flipaba vamos. Luego ya me alisé el pelo. Alisado japonés, que es una cosa que te dura una jartá de tiempo. Y me eché unos potingues en la cara que me dejaron la piel tiesísima. La becaria, me decían. Ya ves. Y las pestañas extralarch que cuando me ponía las bifocales no veas tú la que se liaba. Frikiiiiiiiiii. Hice una chorrada con unos gayers. Salió bien. La gente la sudó ahí en la pista. Venga de bailar y de bailar. Nos llamamos Hercules, que es un nombre que a mí me pareció chocantísimo, pero nos dijeron que en Europa iba a pitar. Yo sonreía todo el rato. Y ahora he hecho The crying light. En la portada, va una viejuna como disecada. Y yo, otra vez con la voz de castratti. Todo muy afectado. A mí me parece que ya güele, pero mi manacher, me decía que no, que p'alante, y me cantaba eso de no cambié, no cambié. Que no os gustaba la voz con tembleque, pues toma dos tazas.

2 comentarios:

molinos dijo...

jajajajajaja...muy bueno....

sammie davis jr jr dijo...

voy a decir una frivolidad un poco fuera de contexto de este blog del que "me nutro" musical-filmica y literariamente y es que...........cuando veo a anthony no puedo dejar de pensar que es una mezcla entre robert smith y falete!