
Hace tiempo (ahora me sale solito el 'no siento nada al hacerlo contigo' de la Jurado); pero no, la cosa no va de sexo, ni de falta de líbido, ni de amaine de la pasión amorosa. No. Hace tiempo que las normas que se saca de su académica manga la RAE me dejan entre indiferente y compungido. Lo de que le quitaran la tilde al sólo de solamente me dolió en el alma. Uno es un antiguo y gusta de aferrarse a sus acentos como otros sienten apego por sus cómics de adolescente. Ahí hice oídos sordos: yo sigo poniendo la tilde cuando la antigua legislación así lo ordenaba.
Lo de la penúltima semana ya me pareció el puritito despiporre. Además de no gustarme nada muchas de las nuevas normas, me parecieron por completo inútiles. '¿Para qué?' preguntaba un amigo mío que tiene en su sencillez su mejor arma dialéctica. 'Pues para justificar sueldos' respondí yo que tengo en mi desconfianza mi peor cara vital. Pero, qué demonios, es que quitarle la tilde a guión o a truhán me parece de un surrealismo tan innecesario como cholante. Decir que ahora cuórum o Catar van con ce me resulta tan antinatural como Anita Obregón. Pero lo que de verdad me ha dolido hasta extremos inimaginables es la desaparición de la elle y de la che como letras; y el cambio de nombre de la y griega a ye, de la uve doble a doble uve, y de la zeta a ceta.
Lo primero, por dos motivos:
1. para algo que teníamos más que el resto -letracas-, pues no me las quites, hombre de dios (que conste que dios lo pongo en minúsculas porque soy ateo o agnóstico, aún no lo tengo claro).
2. porque se me antoja un rasgo de insensibilidad atroz ir y quitarles el rango de letras de buenas a primeras a estas dos pobres. Ahí estaban la che y la elle, felices, integradas. Que si quedamos con la eñe y nos hacemos las raras del abecedario; que si nos vamos con la o al parque de atracciones; que si nos juntamos con la ce y la ele y nos vamos a un club de intercambio de parejas; que si nos vamos con la efe de pedo... Pues eso, formando parte de un todo. Y ahora, zas, de golpe y porrazo, unos viejunos sin sensibilidad, ni piedad, deciden que no son letras, que son dígrafos, ¡DÍGRAFOS!, o sea, signos ortográficos de dos letras. Reconozcamos que no suena bien decir 'Soy un dígrafo'. Es una cosa fea. Uno se imagina al portador de semejante condición triste y deprimido, aplastado por un destino cruel y malhadado.
Lo segundo porque los cambios son a peor (y griega era la hostia, ye es una cutrada además de complicadillo de pronunciar) y son de un chorra que no se sostiene; y, porque igual a ellas (la 'y', la 'w' y la 'z'), les encantaban sus nombres anteriores.
Todo esto me parece muy traumático para ellas. Las letras. Pobres. Ahora deben de estar todas estresadas y acojonadas haciendo terapia, mientras no dejan de pensar '¿quién será la próxima?', '¿qué será lo próximo?'
Lo único que me ha aliviado en parte este ortográfico desconfort es que, a partir de ahora y ¡por fin!, rey y papa se escriben con la misma minúscula con la que vamos el común de los tapires...
Nota a pie de página:
Y aquí va esta cosa de gran divertimento (hay que ver cuánto y cómo nos inspira y nos gusta, en el fondico, la RAE):
http://mondovega.blogspot.com/2010/12/menos-da-una-piedra.html