martes, 17 de marzo de 2009

RADIOGRAFÍA DEL DESASTRE



Me habían dicho que el libro era infinitamente mejor, que la película no lograba captar la esencia de la novela de Yates. No lo sé. No la he leído. Pero probablemente haya algo de cierto: los libros siempre (salvo contadísimas excepciones) son mejores que sus adaptaciones a la pantalla.

Me habían dicho que la elección de Di Caprio era fallida, que habría hecho falta alguien con más peso. Ni de coña. Hace mucho tiempo que Di Caprio puede hacer lo que le venga en gana. Y bien.

Me habían dicho que era una película hecha para la galería, para los Oscars, con interpretaciones de esas dirigidas a hacer orgasmar a los venerables críticos, una película con vocación de cine de qualité. Para nada. Revolutionary Road es de una sobriedad apabullante.

Me habían dicho que me gustaría tanto como me destrozaría. Cierto.

Revolutionary Road es una película incómoda de ver, te lleva a lugares a los que no quieres ir porque ya has estado en ellos unas cuantas veces; te hace escuchar frases demasiado familiares; te hace presenciar escenas que inevitablemente has protagonizado en alguna ocasión. Te coloca ahí. Solo. Con tus expectativas. Con tus frustraciones. Con una mediocridad conocida: la tuya. Sin trampas. Sin melodramas. Sin mirar hacia otro lado. Sin juicios. Dos horas obligado a mirar de frente. Sin los escapismos a los que acostumbras. Sin los escaqueos que dominas. Eres ella o él, o ambos. A la vez o a ratos. Eres la vecina que solloza aliviada cuando comprueba que la farsa continúa. Eres ella cuando va al bosque a enterrarse y vuelve derrotada. Eres él cuando no se atreve. Eres ella cuando finge que todo está bien. Eres el vecino tranquilo que sólo quiere mirar un rato por el agujerito. Eres él cuando asume que las cosas son así y que quizá así estén bien. Eres ella cuando no sabe mirar. Eres él cuando aprende a encajar las piezas.

Revolutionary Road se queda. En la cabecita. Dando vueltas. Como un ratón en su jaula. Preguntando. Destapando. ¿Qué querías ser? ¿Qué se suponía que debías ser? ¿Qué querían los demás que fueras? ¿A quién hiciste caso? ¿Qué es lo real? ¿Es mejor lo que imaginaste? ¿Qué supone madurar? ¿No es más listo, y más feliz en suma, quien se resigna? ¿No es de un infantilismo atroz aferrarse a los sueños? ¿O no? ¿O supone una cobardía terrible incorporarse a filas? ¿Cuántas decisiones se toman por eliminación? ¿Qué es perder? ¿Qué es ganar? ¿Qué tienes? ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres? ¿En qué momento deja uno de vivir? ¿O es que, despues de todo, vivir era esto, y ni tan mal?

2 comentarios:

la señorita rottenmeier dijo...

Pues yo he tratado de hacer un resumen de la película varias veces y lo que quería decir era precisamente lo que tú acabas de escribir.
Lo has "clavao", chata.

La Rata Marcelina dijo...

chapeau!
tiembla boyero
viva tapir

y ahora...me vuelvo a mi rueda
a mi alpiste
y a mi tubito donde chupo el agüita...