viernes, 24 de abril de 2009

LA CULPA DE TODO LA TIENE...



Siempre me he preguntado por qué la gente lee una y otra vez best sellers, por qué ven una y otra vez blockbusters, por qué escuchan una y otra vez discos superventas. Pero no me lo pregunto con la nariz pinzada. No me sorprendo por cuestiones culturales, estéticas o de qualité. No. Nada hay de elitista, de esnob o de pose cultureta en mi extrañeza. No. Lo que realmente me alucina y me noquea es la manía de leer el mismo libro una y otra vez, la fijación por ver la misma película una y otra vez, el placer de escuchar una y otra vez la misma melodía. Vale, los personajes, la ambientación y las voces cambian (poco o nada, en ocasiones). Pero las variaciones son mínimas. Desde la primera página ya se sabe lo que va a ocurrir, desde la primera secuencia se adivina el final, desde el primer acorde ya puede uno tararear la melodía y sin equivocarse mucho. No entiendo esa obsesión por buscar (y encontrar) siempre lo mismo, por visitar enconadamente territorios conocidos, por evitar la sorpresa. El día de la marmota. Atrapados en el tiempo. La pasión por la fotocopia se me escapa. Es aburrido. Terriblemente aburrido. ¿De dónde viene esa tendencia al déjà vu? ¿De dónde procede esa conducta repetitiva? De Ibañez. De Ibañez y sus historietas. Hemos crecido leyendo Mortadelo y Filemón, 13 rue del Percebe, Pepe Gotera y Otilio, El botones Sacarino, Rompetechos. Nos hemos educado a la sombra de la machaconería de Ibañez. Porque, ¿qué ocurría en esas viñetas? Lo mismo. Siempre lo mismo. Un número tras otro el botones Sacarino hacia el panoli, Pepe Gotera y Otilio chapuceaban lo indecible, Mortadelo y Filemón liaban la de dios, Rompetechos se comía todos los bordillos y farolas que encontraba a su paso, y los habitantes de 13 rue del Percebe asomaban por la tapia, se peleaban o inundaban al vecino según les correspondiera. Y lo que deseábamos cuando acudíamos ávidos al quiosco no era otra cosa que eso: la repetición, lo mismo, saber de antemano. Si de pronto nuestros queridos personajes hubieran cambiado hábitos, costumbres, fisionomías, decorados, interjecciones, comportamientos o guiones, nos habríamos puesto a patalear, a llorar y habríamos destrozado, rabiosos, los tebeos. A lo perro de Paulov. Mediatizados, conducidos, habituados, confortables, cómodos y acostumbrados. No habríamos tolerado, ni consentido semejante traición. No habríamos transigido con tal acto de rebelión. Sumidos en el desamparo, no habríamos entendido nada. Como si nos hubieran alterado el sagrado orden, como si nos hubieran puesto patas arriba nuestro mundo, como si nos hubieran arrebatado la confianza de un plumazo.
La culpa de todo la tiene Ibañez.


Nota a pie de página:

A José Escobar lo dejamos tranquilo, que el pobre está ya criando malvas (aunque Zipi y Zape, Carpanta y Petra criada para todo tampoco se queden mancos en esto de la iteración).

Lo del precoz instinto voyeur inevitablemente desarrollado por la lectura encarnizada de 13 rue del Percebe (rollo La ventana indiscreta), casi que también para otro día.

4 comentarios:

La Rata Marcelina dijo...

I disagree
la culpa no es de ibañez
ni de yoko ono
la culpa es del ser humano
que, generalmente, nace bobo

de niño necesita seguridad,
rutina y previsión
nada de improvisación
que no le cambien el final

yo he visto a niños reir
20 veces mil
con 'aterriza como puedas'
y a las niñas cantar 'grease'
otras tantas veces más

¿la curiosidad nace o se hace?
esa es la cuestión

el ser humano es perezosón
y aunque exista excepción
tiende a ser barrigón,
te lo dice una rata curiosa
que jugaba al quimicefa
más allá de orión.

el tapir nicanor dijo...

ata,
en serio no debe tomarse mis palabras
ni tan al pie de la letra
a veces derivo
a veces divago
a veces me convierto en chascarrillo
sólo por probar

y,
¿qué pasa con los niños que gustan de leer comics de la marvel? en esos nunca pasa nada igual, ni un solo rato

El conejo blanco dijo...

¡Ay, tapir! Nos adentramos en terrenos pantanosos.
Qué decir del que espera como maná cada película de Woody Allen, o el que lee extasiado todo libro de Philip Roth.
Y ya puestos, si hay una música conservadora por excelencia es la pop. Sin acritud.
La curiosidad se hace, sin duda. Es cuestión de oportunidades sociales o de la diosa fortuna.
No me queda más que romper una lanza por el gran Ibañez. No cambio "El Sulfato Atómico" por todos los Sin City de este mundo.
Y como diría otro gran plasta como Updike: ¡corre conejo!

Anónimo dijo...

es simple ocio y evasión...nada más allá y nada más acá...el personal es tan bobo, barrigón y perezoso como nosotros deseemosle generalizarlo.

su debate, es el vuestro, aunque la inquietud no les mueva a vuestros terrenos de cuerdas y acordes, debates de pipa en mano, lecturas ávidas y cruzadas y ese largo etcetera que conlleva vuestro mundo de intelectuales de medio pelo...

tristes eso es lo que soy unos pobres tristes, tendentes a la bajonera...lo felices que seriais con un zarajo y un mendrugo de pan en la mano...