viernes, 12 de diciembre de 2008

LO QUE EL VIENTO DEBIÓ LLEVARSE

Hace tiempo me juré no volver a ver ninguna película francesa.
A veces se me olvida.
Ayer.
"La cuestión humana".
Me siento y lo intento. Pasan unos minutos. Nada. Pasan más minutos. Algunos. Nada. Pasan más minutos. Muchos (aunque a estas alturas mi percepción del tiempo está totalmente distorsionada). Nada. Finalmente, me doy por vencida. Asumo mi derrota. Miro el reloj. Casi me entra un ataque de risa histérica. Quedan tres interminables cuartos de hora, cuarentaycinco infinitos minutos, dos mil setecientos eternos segundos. Buf.
No entiendo nada. Sólo puedo pensar ¿POR QUÉ? Como si tuviera un inmenso neón en el cerebro parpadeando. ¿POR QUÉ? Un gigantesco ¿POR QUÉ? que se ramifica en decenas de porqués más chiquititos. ¿Era necesario otro Haneke? ¿No teníamos suficiente con un solo Houellebecq para todo el planeta Tierra? ¿Ser denso, árido, críptico y, sobre todo, ABURRIDO, es sinónimo de calidad, de intensidad, de intelectualidad y de profundidad? ¿Hacer un burdo paralelismo entre los métodos usados por los nazis y los empleados por la economía neoliberal no es un poco demagogo? ¿Hay un revival nazi entre los intelectuales franceses? ¿El indigerible tocho de Las benévolas no agotó ya el tema? ¿Por qué no me dejan sacar mis propias conclusiones? ¿Hay que tomarse tan en serio a sí mismo? ¿Ser pretencioso no puntúa en negativo? ¿Era necesario?
Lo único que aplaca mis maltrechos y erizados nervios (lógico, tras ser sometidos a semejante tormento) es el placer inexplicable que me produce ver (y escuchar), pero sobre todo mirar, a Mathieu Amalric. No es guapo. Parece una rana. Pero algo en su rostro me resulta fascinante.
La pantalla se torna negra. Menos mal. No. Aún no. Aún queda la epifanía de lo intenso: sobre un fondo de impenetrable negritud y durante varios minutos una voz en off lee.
Títulos de crédito. Cientocuarentaycuatro minutos de tortura. Fuera se respira. En la puerta del cine y al más puro estilo Scarlett O'Hara, me dan ganas de alzar mi puño al cielo y gritar mirando a las estrellas: "¡Juro por Dios que nunca más volveré a ver cine francés!"

3 comentarios:

reimon dijo...

Ayer fui a ver "Una chica cortada en dos" de C. Chabrol,,,, a pesar de haberme jurado a mi mismo, y por dos veces, a) pensarme muy mucho el ir al cine a ver una francesa y b)Jamás volver a ver una de Chabrol, fui y mi impresión fue tan penosa como la tuya de ayer.

el tapir nicanor dijo...

hace mucho tiempo que abandoné a Chabrol
la última que no me pareció mal fue "Rien ne va plus"
y fue hace 12 años y estaba François Cluzet
pero volveré a caer con "Entre les murs" (absurdamente traducida por "La clase")
vi el tráiler y tiene MUY buena pinta
crucemos los dedos...

La Rata Marcelina dijo...

no es calamidad
ir a ver pelis francesas
¿qué teneis contra el vecino?
¿por qué ya no os interesa?

este verano vi
'dejad de quererme'
una peli interesante
que no deja de engancharte
bien traída y bien llevada
al igual que aquella otra...
'hace mucho que te quiero'
que tampoco estaba mal
donde la protagonista
era la de 4 bodas y un funeral

los franceses tienen truños
como mazinger tiene puños
porque muy a pesar de baudelaire
lo que no se puede ser
es sublime a toda vez
sin tregua ni tentempie

ale, cura sana
culito de rana
ya pasó