martes, 16 de diciembre de 2008

TAPIROFLEXIA


Hay libros que por un motivo u otro te saltan a la cara. El sábado uno se salió de su estantería en la librería en la que andaba husmeando. Porque era precioso, porque estaba editado por Reino de Redondela (ese invento tan divertido y decimonónico del señor Marías) y porque lo firmaba Richmal Crompton. El libro en cuestión se llama Bruma. Y no es gran cosa (lo mejor son los apéndices finales que no forman parte del libro sino de la “leyenda” ideada por Javier Marías y sus secuaces). Historias de fantasmas que se dejan leer y punto. Pero no importa. Cualquiera que haya crecido con Guillermo Brown tiene una deuda eterna e impagable con Richmal Crompton. Cualquiera que haya enterrado su naricilla una y otra vez en aquellos libros de tapas brillantes y rojas de la Editorial Molino, papel un poco amarillento, tipografía tan bonita e ilustraciones siempre un poco mal impresas, sabe lo que significaron aquellas historias aquellos días. Cualquiera que haya pasado largas tardes en el cobertizo con los “proscritos” Douglas, Enrique, Pelirrojo o el perro Jumble (y cito de memoria, nada de Google) amará por siempre jamás a esta autora de la cual no se sabe casi nada salvo que inventó uno de los mejores personajes de la literatura infantil. Guillermo era irónico, rebelde, divertido, y con un punto anarquista. Maquinaba sin cesar, se reía de todo e inventaba cada día a su medida. Todos queríamos ser él. Ninguno queríamos parecernos a Humbertito, a Ethel o, peor aún, a alguno de sus pretendientes. Estábamos nosotros y estaban ellos. Me recorrí no pocas tiendas de caramelos buscando el famoso agua de regaliz que Guillermo y sus muchachos bebían hasta la indigestión. Un día lo encontré. Era una especie de cantimplorita de plástico. Del color del regaliz rojo. Lo compré. Le di un sorbo. Ni era regaliz, ni estaba bueno. Pero mereció la pena. Por unos momentos me sentí un proscrito.

2 comentarios:

el brigadier dijo...

Si Marías tiene su reino de REDONDA, nosotros podemos hacernos con el reino de REDONDELA (municipio pontevedrés), que igual no es tan cool ni tan british pero es más cachondo, y se come infinitamente mejor.

Eso sí, yo me pido ser Marqués de Porriño

La Rata Marcelina dijo...

enhorabuena
éste, sin dudas, es un bonito post:
las lecturas de la infancia...

ésas que te dejan solo en el patio
el embrión del friki
próximo al jugador de dungeons and dragons
pero sin mal aliento

un niño que lee es un niño arruinado para la vida social.
la rata lo veía desde su agujero
en el patio de colegio:
jugar al fútbol o a la comba
era más saludable
para quemar energía
antes de tomar el bollicao reconstituyente.
ni hablar de agua de regaliz
que aquí somos de peta zeta
que es mucho más divertido
porque rima con teta
amén de su poder cosquilleante
(se me agitan los bigotes sólo de pensarlo)